Cómo Desencadenar Hábitos Atómicos

Por: Rolando J. Vivas

En mi casa tenemos el hábito de guardar todas las pequeñas monedas que nos devuelven al comprar algo y las echamos en un bote, no tocamos el contenido del bote por un largo tiempo, a veces hasta un año, y cuando abrimos el bote, por lo general nos sorprendemos de lo que encontramos, depositando 2 o 3 pesos en ocasiones, otras 10 o 20, poco a poco de forma casi inadvertida terminamos reuniendo un monto bastante respetable de varios miles de pesos, esto se convierte en un efecto compuesto, en el que una pequeña acción, se convierte en algo significativo en el largo plazo, un compromiso que adquirimos y respetamos, se traduce en algo más grande y por si fuera poco, la acción se vuelve contagiosa, y no sólo lo hago yo, lo hace el resto de la familia.

El principio del funcionamiento de una bomba atómica implica el choque de éstos hasta formar una reacción en cadena, hablamos de partículas extraordinariamente pequeñas que en conjunto, son capaces de crear un efecto devastador de enormes proporciones, de ahí que el título del libro de James Clear, “Hábitos Atómicos” quede como “anillo al dedo”, si consideramos el importantísimo papel de hábitos que podemos crear y que al formar una reacción en cadena, pueden desatar profundos cambios en nuestras vidas, ahora bien, de ahí la importancia de conocer cómo funcionan los hábitos, como podemos crearlos y de cómo poder hacerlos funcionar en conjunto, como un sistema.

El legendario economista Adam Smith autor del clásico “la Riqueza de las Naciones”, sería el encargado de crear una perdurable metáfora económica sobre “la mano invisible”, que opera sobre los mercados en el cual se habla sobre los intereses personales de los individuos, y su influencia sobre el bienestar de los demás, así, una persona que decide abrir un negocio para su propio provecho económico, a su vez genera un crecimiento en la economía local, y mediante los productos o servicios que ofrece, ayuda a mejorar el nivel de vida de la comunidad.

Pero la teoría o metáfora sobre “la mano invisible”, no sólo resulta aplicable en temas económicos, también podemos aplicarla en temas conductuales, como en éste caso la influencia del ambiente sobre nuestra conducta diaria, la cual se puede traducir en el conjunto de buenos o malos hábitos que practicamos de forma repetida todos los días, un hábito podría ser despertar y hacer un poco de ejercicio, otro podría ser darnos un baño después, otro el prepararnos un desayuno sano, y así, de forma gradual éstos pequeños hábitos crean nuestra conducta formando un sistema que al final nos proporciona un resultado, bueno o malo depende de la naturaleza de nuestros hábitos.

El ambiente juega un papel importante al convertirse en esa “mano invisible” que da forma a nuestros hábitos o conductas, y así, como en materia económica se puede influir en los mercados, así también podemos influir en nuestro ambiente y crear pequeñas conductas que al encadenarse crean poderosos cambios en nuestras vidas, la metodología que describe Clear en su libro, aborda como base el poder cambiar para ser mejores de forma gradual, un 1% cada día, ¿Suena insuficiente? Si nos aseguramos ser mejores un 1% a comparación del día anterior, estaremos garantizando que al final del año seremos más de 3 veces mejores, y si podemos ensamblar esos pequeños hábitos con otros, aseguramos que el cambio en nuestras vidas será enorme.

Parte de lo que Clear nos muestra en el libro, es la necesidad de enfocarnos en un sistema, más que en una meta, y es que aunque muchos podamos tener metas similares, pocos utilizamos los mismos sistemas, y al final, éstos son fundamentales para el mejor alcance de éstas, al final, si nuestra meta es bajar un par de kilos, sin un sistema podemos bajarlos tal vez, pero también podríamos recuperarlos, e incluso unos kilos más, con un sistema adecuado, la meta se vuelve irrelevante, podríamos bajar esos kilos, varios más, mejorar nuestro aspecto, nuestra calidad de vida, y así sin detenernos o estancarnos, sino encontrar un método de mejora continua.

Para la creación de hábitos, Clear nos ofrece una “receta” sencilla, que consiste en pistas, deseo, respuesta y recompensa, así es como Clear nos muestra cómo podemos crear buenos hábitos en primer lugar, haciendo de éstos algo obvio, si quiero comer bien, debo poner la fruta a la vista, a mi alcance, debe ser algo atractivo, es decir, elegir una fruta que me guste, debe ser algo fácil, resulta más sencillo tomar una manzana o un plátano que comer una sandía, y sobre todo que sea algo satisfactorio, es decir, que cumpla el objetivo que busco.

Tenemos una facilidad innata para construir malos hábitos, pero la receta a la inversa, también aplica para destruirlos, así, podemos dejar lejos de nosotros el teléfono, retirar la televisión del cuarto de dormir, ¿Qué tal poner un libro al lado de la cama? ¿Qué tal la bicicleta estacionaria frente a la televisión? De ésta forma, podemos jugar con el ambiente, “manipular” esa mano invisible con el fin de hacer obvios esos buenos hábitos, los podemos hacer atractivos cuando cambiamos la manera en que lo vemos, para muchos, hacer ejercicio resulta una “tortura”, y así, mentalmente le restamos atractivo, pero si lo vemos como una manera de expulsar el estrés del día, relajarnos un poco y darnos tiempo para nosotros ¿Suena mejor no? ¿No comprar ese juego de video nuevo suena horrible? ¿Pero qué tal si ahorramos el dinero para en unos meses irnos de vacaciones?

Lo hacemos fácil cuando después de varios días, el hábito se empieza a formar, así, ese leer por lo menos una hoja cada día, o caminar un kilómetro diario se vuelve sencillo, y empezamos a leer más o a caminar más, no tenemos que correr un maratón o leer a Proust el primer día, precisamente, el poder de los hábitos implica empezar con algo pequeño (el 1%), pero ser constante, cuando vas al gimnasio a entrenar con pesas, buscar no quedar exhausto, sino quedar con las sensación de que pudiste hacer más, así es seguro que al día siguiente estarás ahí, deseoso de la siguiente rutina, finalmente, las satisfacción llega cuando empezamos a ver resultados, la ropa se nos ve mejor, ya no jadeamos al subir escaleras o podemos leer uno o dos libros al mes, es entonces cuando el ciclo de creación del hábito se cierra y la recompensa es más que evidente.

Cuando logramos conjuntar esos pequeños hábitos, hacer ejercicio, leer, comer mejor y los volvemos parte de nuestra conducta diaria y se vuelve algo constante al paso de las semanas y meses, es cuando nos volvemos capaces de desatar esa reacción atómica y conseguir formar ese sistema perdurable, que en el largo plazo nos asegura ese cambio enorme, esa explosión atómica de grandes dimensiones que va más allá de metas temporales, y trasciende en forma de mejora continua.

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