Por: Rolando J. Vivas

La historia con la que los candidatos buscan obtener el voto popular, es que sienten una gran vocación por servir al prójimo, y así piiden “una oportunidad” mientras gastan millones en publicidad durante su campaña (quien no los tiene, simplemente no llega y no tiene posibilidades de ganar una elección) para supuestamente recibir un modesto sueldo de funcionario, gastan millones en llenar las calles de la ciudad con su imagen, ya que saben que la gente vota, no por sus méritos, sino porque se le hace conocido un nombre en la boleta y en su mente lo idéntifica con un rostro familiar, la gente no vota por un nombre desconocido que aparece en la boleta, a pesar de que sea el candidato más calificado, esa es la realidad, por eso es un gran negocio promover artistas o futbolistas cómo candidatos, son los más factibles a resultar familiares a la gente al ir a votar, y por eso hoy en día los políticos aspirantes a puestos arman su “show” en las redes sociales, hoy desafortunadamente vale más el espectáculo y la popularidad, que un buen funcionario público o la honestidad.

Ante un estado tan deplorable de nuestro sistema democrático, la necesidad de crear nuevas opciones, se vuelve cada vez más imprescindible, una forma de retomar la verdadera esencia de la democracia, establecer una democracia radical, una que realmente resalte al pueblo como cuna de futuros gobernantes y que realmente deposite el poder en el ciudadano y no en una mafia, en un club, en un sindicato, o en una pandilla que ha secuestrado el poder, y que sólo vemos a sus participantes cambiar de supuestas ideologías, colores y siglas, siempre los mismos de un partido a otro, sin valores, sin ética, sin principios y totalmente desconectados de la ciudadanía, de ahí que el llamado a una democracia extrema, a una democracia radical, sea algo cada vez más apremiante para nuestro país y para el mundo.

Gobernar no debiese ser tanto una vocación, como un deber, un deber de todo ciudadano, estar listo y apto para guiar a su país de la mejor manera posible, como realizar un servicio social o un servicio militar, de ésta manera forma, de entre los ciudadanos responsables y ejemplares, aquellos que cumplen con sus impuestos, que se ganan la vida honestamente, y que no cuentan con un historial recurrente de delitos, se debiese elegir mediante sorteo a un grupo de ellos, para ser sometidos a un proceso de selección en el cuál se pueda determinar su salud mental, sus aptitudes promedio y su salud física, su transparencia en cuanto a birnes materiales, para después ser escuchadas sus opiniones sobre temas diversos de interés para el país, con el fin de entonces si, ser participes de un proceso de votación a nivel país para elegir así, a un grupo impar de ciudadanos reales, emanados de diversos estados, de diversos estratos sociales, profesiones y orígenes, con el fin de integrar un equipo diverso que se encargue de tomar las decisiones del país para un determinado número de años, alternando entre cada uno de ellos el liderazgo del país de forma temporal

La democracia no es debe ser un proceso que termine con la votación y elección, sino debe ser llevado con extrema transparencia y continuar bajo una estricta vigilancia ciudadana, de sus acciones y posesiones, que culmine con una evaluación y calificación de los elegidos para servir al país, que condujera a una decorosa indemnización por sus servicios, de ésta forma, imperfecta tal vez, pero perfectible en todo momento, podríamos erradicar  la mafia del poder que solo cambia de partidos para seguir ahí, así podríamos abrir realmente las puertas al ciudadano para ejercer el poder, eliminar una partidocracia cada vez más decadente y los grandes costos de presupuestos destinados a partidos y a campañas, en algo que sin duda sería un ejercicio difícil y valiente de adquirir, pero que podría ser una forma muy diferente de ejercer la democracia, lo pongo sobre la mesa y a consideración.