Por: Rolando J. Vivas

Hace no mucho, escribía sobre la gran experiencia que tuve al trabajar en una pequeña empresa familiar en el centro de la ciudad, en Monterrey, en la que se presentó la oportunidad de armar casi desde cero, un equipo en el área de compras, en mi caso, privilegiando el tema de la diversidad y la actitud, la diversidad siempre será importante, ya que enriquece profundamente el trabajo en equipo y ayuda al mejor aprendizaje de todos, la actitud, es algo de lo que cada vez estoy más convencido que hay que apostarle (aunque en ese entonces la dirección de oponía bastante a ésto), más allá incluso del talento, cuánta gente talentosa se equivoca una y otra vez, convencida de más, de su talento? Prefiero a la gente con actitud y mentalidad flexible, que aunque sabe que tiene mucho por aprender, no se rinde, mantiene su mente abierta y se muestra deseosos de aprender de todo, incluso de los errores.

En ese entonces vendría la pandemia, y el trabajo desde casa, que si bien, no era un “home office” en el estricto sentido, como los que había vivido alguna vez, fue la mejor manera de mantener la integridad y salud del grupo, fue un “váyanse a su casa y vamos a ver cómo podemos trabajar de ésta forma en la que en ésta empresa nunca antes se ha hecho”, pero también fue una presión enorme para un grupo tan joven, con tantas dudas sobre su futuro, su estabilidad laboral, la ansiedad respecto a la nueva forma de trabajar y las dudas respecto a su seguridad personal, algunos temiendo perder su trabajo, considerando abandonar los estudios e incluso, preocupados por su propia vida y la de su familia, en medio de todo ésto, la lección más importante viene no del lado profesional, sino del lado emocional, y precisamente allí es donde la gran oportunidad de crecer como líder se presentó.

Y es que en situaciones como la pandemia y la incertidumbre económica, nos damos cuenta que para estar al frente de un equipo de manera exitosa, no sólo se necesita a un Henry Ford, o a un Steve Jobs, también se necesita a un Sigmund Freud, que pueda entender el nivel emocional en que se encuentra su gente, y lograr empatía y genuina preocupación por ellos, conocer mejor que nadie lo que los motiva, también se necesita a un Nelson Mandela que sepa negociar con ellos, para inspirar, influir y persuadir, para encontrar el verdadero propósito y los acuerdos que generen sean un beneficio real para todos, y también se necesita a un Sherlock Holmes, objetivo, crítico y analítico que pueda apoyar en la toma de decisiones en los momentos más difíciles, les diría también que un Séneca, para imprimir ese espíritu estoico y sacar adelante al grupo fortalecido de las crisis, pero ya es bastante pedir, y es que así es realmente el proceso de aprendizaje de un líder en éstos tiempos, para llegar a ese momento en que uno se puede hacer a un lado, y empezar a desaparecer poco a poco para que la magia del grupo empiece a brillar por si misma.

Me llamó mucho la atención leer recientemente un artículo en The Economist, en donde precisamente se menciona la necesidad imperante, surgida en meses recientes, de cómo aplicar las enseñanzas de Freud, como gerentes o líderes de un equipo, en la oficina, con el fin de poder guiar, motivar y ayudar al equipo a salir adelante de la situación actual de crisis tanto económica como santaria, sin duda, puedo decir orgulloso, que me adelanté a ésto, no cabe duda que los obstáculos al final, terminan convirtiendose en importantes lecciones de lo que necesitamos conocer y aprender para ser mejores, diría uno de los grandes filósofos estoicos, el emperador Marco Aurelio, “lo que se interpone en el camino, se vuelve el camino”, si, a veces también tiene uno que tomar de la filosofía lo que nos sirve para el día a día, incluso en la oficina, sobre todo en éstos tiempos de la VUCA.