Por: Rolando J. Vivas

La película Alligator de 1980, “protagonizada” por un insaciable lagarto gigante que aterroriza la ciudad, podría ser la causante de mi fobia hacia los cocodrilos. La idea de nadar en algún rio me resulta bastante incómoda siempre. Alguna vez vi salir lagartos del río Grijalva en el centro de Villahermosa, Tabasco, durante un viaje de trabajo. No me gustaría estar en esa ciudad en épocas de lluvias, cuando el Grijalva se suele desbordar y los lagartos salen del río a deambular por las calles cercanas. Verlos incluso en un zoológico me resulta bastante desagradable.

Seguramente mi primer amplio contacto con el mundo de los reptiles, fue através del cómic del Sorprendente Hombre Araña. Esto cuando iniciaba mi educación primaria. El doctor Curtis Connor era un genetista obsesionado con hallar una fórmula derivada del ADN de los reptiles con el fin de regenerar miembros perdidos, como su propio brazo. Al inyectarse un suero experimental, Connor se convertiría en el supervillano El Lagarto, éste sería uno de los antagonistas clásicos del superhéroe de cómic durante los 60s. La idea de cómo, al igual que los reptiles, el ser humano pudiera recuperar sus miembros perdidos, sería parte de las obsesiones del legendario escritor de cómics, Stan Lee, con el mundo de la ciencia y la mitología.

La teoría del cerebro triúnico en humanos, del neurocientífico Paul MacLean, muy popular y aceptada en los campos de la psicología y la psiquiatría, nos enseñaría sobre las tres dimensiones y la morfología evolutiva contenidos en nuestro cerebro. Se dice que, el más antiguo de los “cerebros”, es el reptiliano, en éste encontraríamos los instintos más básicos del ser humano heredado de los reptiles. El instinto de supervivencia y de lucha, así como el instinto de alimentarse y reproducirse tendrían su origen supuestamente ésta parte del cerebro. Más allá del tema del cerebro, en cierta etapa del inicio de la vida embrionaria, sería difícil distinguir a un humano de un reptil.

La segunda dimensión, sería la del cerebro límbico, o cerebro mamífero, que representa una evolución o un “triunfo”, sobre el cerebro reptiliano. La cercanía y dependencia de las crías de los mamíferos con sus progenitores, a diferencia de los reptiles que nacen prácticamente listos para la subsistir, sería la supuesta clave para el desarrollo de los sentimientos y las emociones en el mamífero y en el ser humano en particular, bajo esta premisa, en ésta parte o dimensión del cerebro, es en donde se encuentra el área emocional del ser humano, y algo que ya planta una distancia con respecto a nuestros antepasados reptiles de sangre fría y baja presión arterial.

La tercera dimensión o parte de ésta teoría, sería la del llamado neocortex, o corteza nueva. La parte más evolucionada del ser humano se encontraría aquí, más allá del reptil y el mamífero. La capacidad de pensar y razonar del ser humano se manifiesta aquí. Carl Sagan recibiría un premio Pulitzer por su libro Los Dragones del Edén, basado en la teoría de MacLean, aunque cabe señalar que científicamente la teoría del cerebro triúnico sería desmentida. Las aves, a pesar de descender de los reptiles, al igual que nosotros, sin ser mamíferos, han desarrollado una relación cercana casi emocional con sus crías a pesar de ser cercanos a los reptiles y de no ser mamíferos. Aún así, la teoría del cerebro triúnico sigue siendo una importante base para el desarrollo de teorías del comportamiento humano. Varios o muchos libros sobre neurociencia, desarrollo personal y mercadotecnia se han basado en ésta teoría fuertemente.

David Icke, el conocido conspiracionista inglés, hablaría en los 90s sobre sus teorías de dominación del mundo por parte de una raza de reptiles extraterrestres capaces de cambiar su apariencia. Icke sería brutalmente ridiculizado por éstas y otra teorías que habría de revelar en la televisión británica, y que pudieran tener sus bases en la popular serie de televisión V de los 80s, sobre la invasión de un grupo de reptiloides disfrazados de humanos provenientes del espacio y que tratan de apoderarse de la Tierra. Otro referente sería la popular película de Conan el Bárbaro, basada en los cómics de Robert E. Howard, en ésta, el protagonista se enfrenta a un personaje conocido como Thulsa Doom.

Thulsa Doom es un hechicero malvado que rinde culto al dios serpiente Seth, Thulsa Doom no sólo podía transformarse en una serpiente, también podía usar las serpientes como flechas envenenadas para acabar con sus rivales. Si agregamos la película de Alligator a las series V y a la película de Conan, tenemos la popular base de mitología reptiliana efervescente en los 80s, que avivó la creativa e inquieta mente de Icke en el inicio de los 90s. Vaya en los 80s, los reptiles amenazantes eran gran parte de la cultura popular. Esto hace que nos cuestionemos muchas cosas respecto a la raíz de las conjeturas de Icke.

No sólo en los 80s y en los 90s se habló de los reptiles como una amenaza para los humanos, Godzilla, el enorme reptil creado por los estudios Toho, ya amenazaba a Tokio desde los años 50s. Curiosamente Godzilla se enfrentaría en los 60s al mamífero mayor, King Kong, quien obviamente vencería a su antecesor evolutivo. Si quisiéramos ir aún más atrás, podríamos hablar del Chtulu de HP Lovecratf y de Conan de Howard enanos 30 los dragones de las historias de la edad media, Quetzalcoatl en la cultura azteca y la serpiente que tentó a Adán y Eva. Así, el reptil aparecería siempre en la historia de la humanidad como la figura siniestra por excelencia, acechando y amenazando al ser humano casi desde sus orígenes. Bajo ésta primicia es fácil entender cómo se inspiró Icke para sus desquiciadas, aunque bastante entretenidas ideas.

Si nos preguntamos el porqué éstas teorías vienen principalmente de los estratos más conservadores de la sociedad, la respuesta es relativamente sencilla, si consideramos que los reptiles son un símbolo de cambio, por su regeneración de miembros y cambios constantes de piel, lo cual hace eco en las partes más conservadoras e incluso esotéricas de la derecha política. Así es, ese miedo de los conservadores al cambio, tiene su máxima representación en la forma de un reptiles, de ahí que la ultra derecha tenga esa fascinación por teorías como las de Ike, y que trate de frenar el progreso en el mundo, acusando a vehementemente a las élites, como solía hacer Mussolini y el fascismo en general, de conspirar para adueñarse por completo del mundo, con o sin forma de reptiles.

Suena descabellado, pero hay que considerar que en algunas encuestas, millones de estadounidenses aseguran que personajes como Barack Obama, Bill y Hillary Clinton, Bill Gates y Mark Zuckerberg, son ese tipo de raza reptiloide que ejerce un control oculto sobre el mundo. Difiero de las teorías de conspiración que pintan al mundo bajo un esquema de control total a cargo de unos cuantos, en lo personal, pienso que el mundo se caótico por naturaleza, desde su concepción, y eso si, unos cuantos bastante preparados y visionarios han sabido sacar provecho del caos, a diferencia de muchos otros que prefieren vivir al día y creer en explicaciones simplonas de buenos contra malos.

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