Por: Rolando J. Vivas

Leí hace poco un artículo en el periódico El Economista en el cual el magnate Ricardo Salinas Pliego, dueño de importantes grupos como m TV Azteca, Banco Azteca y Elektra, hablaba de manera muy favorable sobre el bitcoin. Salinas Pliego es un tipo brillante, ha sabido sortear de manera extraordinaria cada uno de los cambios que ha sufrido el país en las últimas 4 décadas. Cada cambio acontecido, Ricardo lo ha resuelto de forma brillante y ha salido adelante de forma más exitosa que muchos otros hombres de negocios. Desde las privatizaciones en época del ex presidente Carlos Salinas, hasta los millonarios contratos por tarjetas con el Banco del Bienestar en el gobierno del actual presidente Andrés López.

En el artículo, Salinas hablaba sobre el bitcoin en un sentido cercano a la corriente “libertaria”. Salinas hablaba de que el bitcoin era una forma en la que el ciudadano podía protegerse de los abusos del gobierno, advirtiendo sobre temas de expropiación. Es curioso que Salinas Pliego hable de protección contra el gobierno siendo que pocos como él han estado tan cerca de los gobiernos de los últimos 40 años. Si algún empresario podría presumir ser un colaborador muy cercano al gobierno actual, ese es Salinas Pliego, cuya agilidad y flexibilidad le ha permitido tener un buen acomodo en la dinámica del gobierno actual. Si alguien entiende al gobierno actual desde su posición de empresario y ha sabido obtener beneficios, ese es Salinas Pliego.

La declaración de Salinas sobre tener un 10% de su portafolio de inversiones en bitcoins, lejos de disparar mi entusiasmado sobre la criptomoneda en particular, me deja en claro la inteligencia de Salinas respecto a no rendir “homenaje ciego” a la criptomoneda como muchos hacen, Salinas deja muy claro que ve a la moneda digital como un instrumento de inversión y no como un instrumento de transacción. Lo cual es clave al momento yo de usar éstas nuevas monedas digitales. Así Salinas solamente experimenta tímidamente con la divisa digital. Alejado de las arriesgadas actitudes dogmáticas de muchos de los partidarios de la criptodivisa, creada por el misterioso Satoshi Nakamoto, quien apareció en internet en el 2008 para desaparecer un par de años después dejando la “moneda” en manos de unos cuantos. Si Nakamoto es es personaje real o un grupo de personas que desarrollaron el código de la criptomoneda en conjunto, no hay manera de saberlo.

Hay que entender y ver vas allá de la simple declaración de Salinas. A la que se suma la recomendación del libro El Patrón Bitcoin, del escritor Saifedean Ammous, un excelente libro, que de inmediato me di a la tarea de leer. No precisamente por la recomendación de Salinas, sino por la aparición de Nassim Nicholas Taleb en el prólogo del libro. Taleb, autor del Cisne Negro y de Antifragil, es uno de mis escritores favoritos, suelo leer Antifragil casi cada año. En Antifragil, Taleb nos habla sobre cómo protegerse de acontecimientos adversos y de cómo sacar del desorden y el caos, una lección que Salinas Pliego conoce y practica de maravilla. No dudo en lo absoluto que Salinas haya leído, entendido y aplicado ampliamente las enseñanzas de Taleb. Con fluctuaciones mensuales del 5% al 20%, es posible que el bitcoin haya incluso radicalizado y vuelto más extrema la especulación tan común en nuestros tiempos, existente en los mercados de valores.

En su momento Nassim Nicholas Taleb fue defensor férreo del bitcoin. La manera en que estaba diseñada la criptomoneda obviamente llamaba a la naturaleza robusta y a la redundancia, conceptos que conectan directamente con la llamada “antifragilidad”. Es de sabios cambiar de opinión y al día de hoy, Taleb indica libremente que la famosa criptodivisa es en realidad algo muy parecido a un esquema Ponzi o estafa piramidal que beneficia unos cuantos en la punta de la pirámide y dejará al final sin nada a los seguidores tardíos de ésta. Taleb afirma categóricamente que como moneda o medio de transacción, el bitcoin es un rotundo fracaso.

Está claro que Salinas ha optado por tomar un riesgo inteligente al solamente destinar un 10% de su portafolio al bitcoin. Va más allá del dogma libertario de apostar todo a la criptodivisa. Arma un portafolio antifragil que divide el riesgo inherente instalando controles que solo dejan un riesgo residual. Si no fuera porque las criptomonedas en algún momento aparecerán en la vida diaria del país y del mundo, y que, seguramente Salinas Pliego está jugando con la idea de usar la moneda en sus operaciones en Banco Azteca, dudo mucho que Salinas estaría hablando a favor de la criptomoneda, realmente Salinas Pliego está preparando el territorio  o lanzando la carnada, para su siguiente jugada, integrar la dinámica de las criptomoneda através de una plataforma virtual que permita sacar provecho al fenómeno de las remesas, una de las mayores fuente del ingreso del país actualmente.

Nada que ver aquí, con eventos vergonzosos como la incursión oportunista de un Elon Musk con el bitcoin. Utilizando un muy publicitado ejercicio de inversión en la criptomoneda y ligándolo al mundo de Tesla y los autos eléctricos, que disparó inicialmente el valor de la divisa. Musk después retiraría su inversión, convenientemente, una vez logrado un valor mayor, alegando el daño al medio ambiente provocado por la “minería del bitcoin”. Una estafa perfecta que Musk perpetró gracias a su fama, y a la ingenuidad de muchos dogmáticos de la criptomoneda. Grimes, la compositora y esposa de Musk, declararía de forma alucinante que, tanto la inteligencia artificial, como las criptomonedas, eran instrumentos importantes que los comunistas modernos deberían considerar. Seguramente Grimes entiende bien a Marx como lo entiende George Soros, un marxista brillante que ha sabido explotar los defectos del capitalismo para amasar una considerable fortuna. Seguramente Grimes también leyó el libro de Mark Alizart, Criptocomunismo, bastante interesante por cierto y uno de los libros más singulares de éste peculiar filosofo francés. Quien piense que las criptomonedas van de la mano con el futuro del movimiento libertario, que lea éste libro y se lo piense dos veces.

Así como la criptomoneda podría representar esa panacea libertaria de proteger la riqueza de la expropiación gubernamental, no podemos dejar de lado que podría convertirse en un seguro de protección para que delincuentes pudieran blindar sus fortunas mal obtenidas de la confiscación por parte de la justicia. Por si esto fuera poco, la criptomoneda podría fácilmente convertirse en un verdadero paraíso para el lavado de dinero. Su dificultad de rastrear y su anonimato, la ha vuelto un instrumento importante para los traficantes de drogas y armas en internet profundo y marginal. El presidente de El Salvador Nayib Bukele acaba de anunciar recientemente la legalización del bitcoin como moneda en el país, y aquí, tendríamos que preguntarnos ¿Para qué querría un país como El Salvador, sin la infraestructura o proyección de un Costa Rica o Panamá,  adoptar ésta moneda? ¿Qué estará planeando el disruptor, millenial, y poco afecto a la democracia presidente de éste país?

Elon Musk logró buenas ganancias aprovechándose de su notoriedad al comprar bitcoins y después deshacerse de ellos. No cualquier inversor de ésta divisa podría beneficiarse de ésta moneda de la forma en que hizo Musk. Por lo menos no uno sólo,  ¿Pero qué tal un grupo de individuos de gran influencia? ¿Estaremos acaso ante un nuevo, enorme y global esquema Ponzi que en algún momento se vendrá abajo dejando a muchos sin nada? ¿Es por eso que nadie saben quién o quiénes son Satoshi Nakamoto? ¿Quién está detrás de los pagos a influencers como Kim Kardashian famosa en Instagram, de Charli DAmelio, estrella de TikTok, del boxeador Floyd Mayweather o del ex basquetbolista Paul Pierce quienes aprovechan su notoriedad en las redes sociales para promocionar de forma “discreta” las criptomonedas? ¿Hacia dónde “sube” el dinero en la cima de ésta misteriosa pirámide? Al final ¿Quién se beneficiará realmente con el uso de las criptomonedas? Cómo se dice por ahí, “just follow the money”.

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