Po: Rolando J. Vivas

Vivimos ya en una realidad híbrida, parte de nuestra vida la vivimos en vivo y a todo color. Despertamos, vemos a nuestra familia, hacemos ejercicio, vamos a trabajar, convivimos em el mundo real con otras personas. Por otra parte, nuestra vida ya la vivimos de otra forma, en el ciberespacio, en internet, en las redes sociales. Esto nos permite estar en Glasgow y darnos cuenta de los millones de litros de combustible que los líderes mundiales debieron gastar para estar allí. Darnos cuenta si “Sleepy” Joe Biden cerró los ojos nada más tantito para ponerse en suspensión y ahorrarle algo de energía al planeta, o si la conferencia de Alberto Fernández, presidente de Argentina fue desdeñada por casi todos los participantes. También podemos estar en contacto con nuestros amigos de la primaria, con familiares lejanos, a la vez que podemos discutir con desconocidos sobre deporte o política. Algunos incluso tendrán parejas con las que jamás han estado de frente, y cuyas relaciones siempre han sido através de una pantalla. Aunque seguimos anclados en la vida real, ya tenemos una parte de nuestra existencia en el mundo virtual en una realidad aumentada, y si, ya muchos quisieran vivir precisamente en ese universo “paralelo” de pixeles y bytes de forma permanente, y dejar de ser parte de la realidad que todos conocemos hoy en dia. Realmente hay quienes están deseosos de abandonar la realidad y partir a un “mundo mejor”.

Si, es posible que la religión nos prometiera ese “mundo alternativo y prefecto”, primero en la forma del paraíso. Un mundo de felicidad eterna, de abundancia, de convivencia con nuestros seres queridos y con nuestros amigos. Más cercano a la actualidad, la ciencia ficción también hizo lo suyo y nos empezó a adentrar en las historias de otros universos en los que podíamos vivir una vida alternativa, siendo alguien más, asumiendo una “vida” adicional en un mundo virtual. De ahí que se haya originado el concepto de metaverso (sin esfuerzo) para describir ese mundo en otra dimensión, y al que pudieramos ir para vivir otra vida, ser otra persona, tener otros amigos, vivir en otro país o ciudad. Una vez más el concepto del metaverso conecta con el anhelo de ir más allá de nuestra humanidad y de nuestra realidad, ser alguien del sexo opuesto, realizar actividades radicalmente diferentes a los de nuestra vida real o tener cuernos y alas, o tal vez un exoesqueleto. De eso se trata el metaverso de forma conceptual, de poder vivir una vida más allá de la que ya vivimos, radicalmente diferente y algunos pensarán, libre. Ser parte de una realidad aumentada.

No sé exactamente si la palabra libertad pudiera aplicarse al llamado metaverso, si realmente sé es libre viviendo una fantasía en un mundo virtual. Si ese escape, o ese “viaje” (y no de los que prometían los Grateful Dead) no representa escaparnos a vivir a una jaula hecha por alguien más. Si en realidad se trata de convertirnos en conejillo de indias del experimento de alguien más, o si es una forma de explotar nuestra propia persona más allá incluso de nuestra humanidad. Muchas veces he tenido esa sensación incluso con mi vida real, que podríamos ser las hormigas en la inmensa granja de hormigas de alguien más. Podría ser éste nuevo metaverso que algunas empresas gigantes de tecnología nos proponen, precisamente eso, una granja de hormigas virtual. Ya sabemos que no es difícil engancharnos en plataformas de éste tipo, hemos aprendido a “disfrutar” el exponer nuestra intimidad y generar una inmensa satisfacción de ello, ignorando muchas veces los riesgos o la explotación de que somos objeto. Alguien más lucra y hace millones de toda la intimidad que nos roba, o que le entregamos voluntariamente.

A las hormigas les encantan los alimentos dulces, la miel y el azúcar. Eso que investigaciones recientes confirman en los seres humanos resulta más adictivo incluso que la cocaína o la heroína, de ser así,  nos debemos haber alejado hace mucho de Mark Zuckerberg. No que su apellido, que significa “montaña de azúcar”, sea una prueba contundente de lo adictivo de sus plataformas tecnológicas, sino porqué sabemos que a Zuckerberg, defender la democracia no le interesa. Poco o nada le importó que agencias extranjeras hayan buscado interferir en las elecciones en EEUU hace 5 años usando Facebook. Porque sabemos que su objetivo es que pasemos todo el tiempo posible en la red social, absorbiendo información de dudosa veracidad y porqué estudios han demostrado que Instagram se ha convertido en una plataforma nociva para las adolescentes, propiciando daño a su autoestima y depresión. Ese es el “cielo” en la Tierra que nos ha traído Zuckerberg hasta ahora. Un “azúcar” que provoca “diabetes” emocional, un paraíso que provoca tristeza. Una droga tan peligrosa como el azúcar y que ahora ha decidido llamar Meta, como la metadona o la metanfetamina. ¿Podría ser más obvia esa mezcla de adicción y sofisticación? Ahora que la reputación de Facebook y de Instagram están por los suelos, no así su popularidad, el acosador más grande del mundo, el que sabe a qué hora despertaste, qué desayunas, cómo es tu jefe, cómo estuvo tu día, quéhiciste hiciste el gimnasio. Ese ahora te ofrece otra jaula de cristal para seguirte observando en el “más allá” de tu día a día, incluso en tus anhelos más profundos. La voracidad de Zuckerberg el acosador, no parece tener límites. Como la inteligencia artificial en la película The Matrix de los Wachowski, Zuckerberg busca seguir alimentándose del ser humano aún más allá de su existencia material.

La historia nos cuenta sobre la afición de Zuckerberg por apoderarse lo que no es de él, la idea original del Facebook, cuya apropiación se tuvo que solucionar en juicio. El robo de información documentado por varios medios. La compra de plataformas como Instagram, WhatsApp y Oculus. Ahora Zuckerberg quiere adueñarse del Metaverso, concepto con casi dos décadas que ya muchas otras empresas arrancaron tiempo antes y cuesta arriba, sin los adelantos tecnológicos de hoy en día. Las apuestas de Microsoft y Google en años recientes enfocados a desarrollar la tecnología necesaria para amplificar la experiencia sensorial y explotar al máximo el llamado “Internet de los sentidos”. Facebook o Meta ya ha hecho lo suyo también mediante Oculus y sus lentes, cascos y máscaras de realidad virtual, que en teoría permitirán una cada vez mayor inmersión en éste universo alternativo. La última frontera, la de poder sumergir todos nuestros sentidos en ésta realidad virtual, aún está un poco lejos, aunque para los exploradores del cerebro, como Neuralink de Elon Musk, éste momento podría estar a la vuelta de la esquina. Dotando al metaverso de la capacidad de crear sensaciones olfativas, táctiles y gustativas dentro de nuestro cerebro, aunque fuera de él, no existan.

En parte, el adelantarse a su época, pudo haber sido el principal obstáculo de empresas como Linden Lab, creadores del famoso y original Second Life, plataforma pionera en el tema del metaverso y la posibilidad de tener un existencia virtual en un mundo virtual. Seguramente esa existencia virtual hace 15 años dista mucho de lo que la tecnología nos podría permitir experimentar al día de hoy. De ahí que otras plataformas como Minecraft (propiedad de Microsoft) o Roblox, hayan avanzando tanto recientemente. El objetivo de Zuckerberg es que su empresa se convierta en sinónimo del metaverso, en temas de estrategia comercial, un acierto de poder hacerlo. Aunque el metaverso es rebelde y pienso que buscará rebelarse a la colonización que pretende llevar a cabo Zuckerberg. La apuesta de Zuckerberg por apoderarse de toda nuestra atención y todo nuestro tiempo casi se está doblando ya con su nueva empresa Meta. Si Facebook ya resultaba adictivo como plataforma, Meta podría tener un atractivo mayor. Una presencia más abundante, aunque todo depende de la tecnología disponible para capturar todos los sentidos (y a ganar la batalla del nuevo Internet de los sentidos). Allí está la clave del éxito o el fracaso para Meta. ¿Será el cambio a Meta realmente un compromiso de Zuckerberg por reinventar internet, o sólo una estrategia de “rebranding” para tratar de componer la mala reputación de sus plataformas?

Poder llevar a cabo la implementación total del metaverso requerirá poder secuestrar por completo nuestros sentidos. Sumergirnos por completo en la realidad virtual implica que no sólo nuestros ojos y oídos estén inmersos en éste nuevo mundo. Neurocientíficos ya trabajan en identificar la forma en que sentidos como el tacto, el olfato y el gusto sean afectados por los dispositivos de realidad virtual, hacernos creer que podemos tocar algo, oler algo y degustar algo. La tarea es complicada pero podrá revelar muchos secretos del cerebro humano. Después de todo lo que hace nuestro cerebro es interpretar, no la realidad tal cual, sino señales eléctricas. ¿Podríamos tener relaciones sexuales sólo con nuestro cerebro y sólo dentro de nuestra mente? ¿Podremos experimentar cada una de las sensaciones que percibimos sin tener contacto físico? Supongo que pocos recordarán la futurista película Sleeper de Woody Allen, en la cual el sexo ya era considerado algo primitivo, sucio y peligros. Las relaciones sexuales se tenían sin contacto físico utilizando una especie de casco sensorial llamado Orgasmatron, supongo que de ahí sacaron inspiración Lemmy y los Motorhead para su tema clásico.

La pandemia y la necesidad de mantenernos alejados de nuestros familiares, conocidos y colaboradores, nos dio la oportunidad de conocer una suerte de espacio híbrido en el cual, algunas de nuestras reuniones fueron virtuales, resultó pesado permanecer frente a una máquina y ser observado para algunos, para muchos ha sido un tema complicado las reuniones virtuales, para otros ha sido cansado, Microsoft ya se encuentra por lanzar una versión peculiar de su plataforma Teams para reuniones virtuales que incluirá “avatares” que tomarán nuestro lugar visualmente con el fin de disminuir esa incomodidad, lo cual nos dice que el metaverso no sólo entrará en nuestros espacios sociales, también lo hará hará nuestros espacios laborales. Incluso yendo hacia territorios más oscuros, la pornografía, por ejemplo, que tanto auge cobraría con Internet, está a punto de sufrir una gran trasformación mediante su inclusión en el metaverso, algo ya no tan sorpresivo si hemos visto algunos de los más controversiales capítulos de la serie inglesa Black Mirror. Al día de hoy se habla de un traje o piel sintética (los llamados gadgets “wearables”), desarrollado por la empresa ReSkin, que al usarla nos permitirá sentir frío o calor de acuerdo a dónde nos hallemos en el metaverso o incluso, nos permitirá tocar y se tocados por alguien más a distancia, imaginar que podemos tener contacto íntimo virtual con alguien más a la distancia aparentando ser otras personas resulta algo extraño e incluso siniestro. Otra persona al otro lado de la pantalla y conectada a nosotros de forma virtual, podría ser el actor o actriz de nuestros sueños dispuesto o dispuesta a estar con nosotros.

Facebook, la red social, ha probado ser tan controversial como adictivo, millones de usuarios continúan siendo parte de la red social, al tiempo que saben que sus datos e información son continuamente utilizados nos sólo para fines comerciales por parte de la empresa, sino también políticos. En años anteriores hemos visto como los gustos y preferencias de los usuarios son usados para explotar y manipular emociones e incluso, para tratar de influir en elecciones en varios países, además de servir como sistema de vigilancia por parte de algunos mandatarios. Resulta difícil entender cómo Facebook a pesar de tal nivel de controversia continua siendo inmensamente popular y cómo sus usuarios continúan compartiendo su información a pesar de los hechos. El llamado “Fomo”, descrito como el “miedo de perderse algo” (fear of missing out) sigue jugando a favor del imperio de Zuckerberg, y precisamente es su carta más fuerte que le respalda en ésta nueva y arriesgada empresa, ¿Quién querrá quedar fuera del nuevo universo virtual o “paraíso” que ofrece Zuckerberg? Recuerdo cuando surgió Google+ como red social, muchos buscaron formar parte casi de forma inmediata para ser parte de la tendencia y no quedarse fuera, a pesar de que la red rápidamente perdió atractivo. ¿Meta podrá continuar con el encanto perverso de Facebook?

Hoy en día veo a mis hijas usando Roblox, plataforma también ya en su segunda década. Si consideramos que lo más cercano que he estado a éste tipo de “mundo alternativo” fueron los juegos de videos y Facebook, queda claro que me es difícil entender en su totalidad el atractivo de éste tipo de plataformas que ofrecen llevar a cabo “una vida dentro del internet”, crearse un personaje propio al gusto de uno mismo, tener una casa al gusto, convivir con otros personajes “virtuales” y cosas que de alguna forma no he llegado a entender ¿Cómo ganas, cómo haces puntos? Aquí no ganas o pierdes, y tampoco haces puntos, eso sí, puedes participar junto con tus “amigos virtuales” en un juego de futbol o de beisbol, pero el objetivo meramente es del de convivir “como en la vida real”, puedes platicar con estos personajes de animales, niños o monstruos, sin saber realmente quien está del otro lado de la pantalla o en que parte del mundo se encuentra, lo cual podría resultar extraño en algún momento si nos llegásemos a enterar.

La batalla de Zuckerberg por el “metaverso” será épica considerando que lo que el CEO busca es apoderarse del concepto-marca, lo que sin duda implicaría apoderarse del concepto y hacerlo sinónimo de su marca, lo que le daría una enrome ventaja y una gran palanca al momento de monetizar el concepto. Pienso que la principal barrera que enfrentará Zuckerberg es la desconfianza. ¿Querrá uno dedicar más tiempo a Facebook y revelar más información personal a una empresa que es bien sabido se dedica a explotarla? ¿Estaremos dispuestos a convertirnos en el gran botín de Mark Zuckerberg? ¿Nos estamos realmente adentrando en la The Matrix? No hay que olvidar que en The Matrix, la humanidad quedaba literalmente sumergida en una simulación o realidad virtual, al tiempo que los seres humanos reales eran usados como “pilas vivientes” por una inteligencia artificial que lo controlaba todo. ¿Será éste el inicio de la “singularidad”, es decir, el momento de la integración completa del humano-máquina? ¿Cuál podría ser la consecuencia de sumergir todos nuestros sentidos en una experiencia totalmente virtual? ¿Es parte de la evolución humana, convertirnos en un objeto pasivo que sólo acciona en la mente? ¿Dejar nuestro cuerpo físico es parte de la evolución del ser humano? ¿Integrar nuestra consciencia a una máquina y dejar atrás nuestro cuerpo es lo que nos depara el futuro?

Zuckerberg apuesta todo al “metaverso” y a la inmersión del ser humano en su propia mente, un mundo inexistente en el plano físico, un mundo no material, una suerte de paraíso digital ateo en la nube, con Zuckerberg no como dios, sino como CEO, y con el capitalismo de la información como credo, con una obsesión por el contenido y la información y un desdén por las cosas físicas. Ya las nuevas generaciones se han alejado de lo material, de formar familias, de las casas, de los autos, de posesiones como discos, libros o películas, por lo que un mundo no material de “no cosas” no les resultaría absurdo. Esto parece ser siguiente paso en la búsqueda de “experiencias”. ¿Quién más apostará al metaverso? Seguramente empresas como Microsoft o Amazon buscarán formar parte y sacar provecho de éste universo virtual o de realidad aumentada en dónde seguramente las monedas virtuales, los llamados Non Fungible Tokens (NFT y que mediante la tecnología blockchain podrían llevarnos a un curioso regreso al mundo del trueque) y los videojuegos tomarán el protagonismo y quizá más tarde empresas de educación quieran empezar a incursionar en éste espacio. Así Zuckerberg apuesta a un viaje mediante la tecnología al interior de la mente, mientras otros como Elon Musk, Jeff Bezos y Richard Branson apuestan a la tecnología para emprender otro tipo de aventura, la exploración espacial y la conquista de Marte. ¿Qué aventura será más prominente y atractiva en el futuro del ser humano, la conquista del metaverso o la conquista del espacio?