Por: Rolando J. Vivas

Me ha sido difícil escribir éstas últimas semanas. Mucho trabajo y muchos pendientes. Escribir requiere cierta continuidad y más cuando se quiere escribir de forma vasta, cuando lo que se busca expresar es una cantidad considerable de ideas. No describir tal vez mi día a día, pero opiniones sobre diversos temas que van surgiendo, en ocasiones personales, en ocasiones simplemente descripciones de lo que vamos viviendo como individuos y como sociedad. Poder conjugar mi gusto por escribir con el trabajo se vuelve en ocasiones difícil, aunque otras simplemente se complementa de forma maravillosa. Pienso que no podría dejar de hacer una u la otra actividad, ambas son importantes de mi vida. Accionar y reflexionar pienso que van perfectamente de la mano y es algo por demás útil en muchas ocasiones. Accionar, reflexionar y documentar son gran parte de mi vida y me han ayudado a crecer como persona. A aprender, a desaprender y a aprender nuevamente.

Si, los problemas se presentan todo el tiempo, todos los días, diría Fran Zappa. Me emocionan, son un reto, de alguna forma me llenan de energía. Me ayudan a crecer y siempre estoy dispuesto a atenderlos y a prender de cada una de mis acciones y sus resultados. A usar la ley de causa y efecto a mi favor. Aun así, no pierdo la oportunidad de escuchar música entre otras muchas cosas, como leer e ir al gimnasio. Hace poco vi una entrevista a Lou Reed en un programa español, fue en los 90s en la época en que Reed acababa de publicar el Set The Twilight Reeling, un excelente disco con las guitarras densas de Reed y temas bastante buenos. La carrera en los 90s de Reed ya era bastante sólida y editó una serie de discos fenomenales empezando con el Songs For Drella, una inesperada reunión con su ex compañero en los Velvet Underground, John Cale. Un disco minimalista con Cale en los teclados y Reed en las guitarras, el disco sería el detonante del reencuentro de la legendaria y poco reconocida banda de ambos músicos. De ahí, Reed continuaría con el entrañable Magic and Loss, uno de mis discos favoritos de Reed, y uno de los que siento más cercanos. ¿Quién diría que la historia de la muerte de dos amigos de Reed por cáncer, se convertiría en mi historia 10 años más tarde, cuando perdí a mi madre?

Seguirían el ya mencionado Set the Twilight Reeling y el Ecstasy, con ambos discos, Reed alcanzaría en su carrera una constancia y congruencia como nunca antes. No hay que olvidar que en 1989, Reed había reiniciado su carrera con una fuerza inusitada con el clásico New York, uno de los mejores discos de su carrera. Recuerdo haber comparado ese disco cuando se estrenó. Tendría yo unos 13 años de edad. Lo tenía en mis manos e íbamos camino a casa de mi abuela en el auto de mi padre, no bajé en esa ocasión del auto y permanecí escuchándolo un par de veces, si, en esa ocasión no vi a mi abuela. Aún me sigue emocionando escuchar la asombrosa There Is No Time. Más extraordinario me parece la versión que hizo para Faraway, So Close de Wim Wenders, en donde Reed pone de manifiesto su prodigiosa habilidad para reacomodar las letras de sus propias canciones. Una habilidad para improvisar las estrofas que pocos podrían ejecutar de la misma forma, aunque es una obvia herencia de su afición por la música de Dylan, quien suele hacer esto también en sus presentaciones en vivo.

Mis discos favoritos en éstos momentos de Reed, y que no he dejado de escuchar en éstas semanas, son sus incomprendidas obras de los 70s, su triunfal regreso a la guitarra con el Coney Island Baby, que empezaba a mostrar el amor de Reed por el rock más primitivo, el jazz y el vanguardismo. Con un grupo de acompañamiento fenomenal que iría sumando a músicos como Michael Fonfara, Marty Fogel e incluso Don Cherry, quienes le acompañarían en grabaciones como el mítico Street Hassle o el The Bells, dos obras maestras de la discografía de Reed y que lo volvían a poner a la vanguardia musical en esa década, y al frente de la poderosa escena neoyorquina que despegaba con bandas que le veneraban, como Los Ramones, Los Talking Heads, los Television y el grupo de Patti Smith. Ese choque entre Reed y su rabiosa guitarra y la ejecución dinámica de su grupo, crearían las bases para la siguiente etapa de Reed en los 80s, con el trabajo en conjunto con el sensacional guitarrista Robert Quine, quien lograría retar a Reed a retomar su título como uno de los guitarristas más innovadores del rock. Coney Island Baby, Street Hassle y The Bells son discos que no he parado de escuchar en éstos días, no son discos accesibles, son discos de naturaleza sumamente experimental, difíciles hasta cierto punto, pero ponen de manifiesto toda la grandeza musical de Reed de una forma imposible de negar.

El primer disco de Lou Reed con los Velvet Underground, ese que produjo Andy Warhol y en el que cantaba Nico varios temas, es uno de mis dos discos favoritos de toda la historia. Un disco que reflejaba perfectamente el sonido de la costa Este, del Nueva York más rudo, oscuro, inmerso en el mundo del arte y la literatura. Un discos visionario, perverso y decadente. Mi otro disco favorito es el Pet Sounds de los Beach Boys. Ese disco en el que Brian Wilson se lanzó de lleno a convertirse en uno de los más grandes compositores de la historia del rock. Ese en el que Wilson se animó a retar a los Beatles y a aplicar las enseñanza del productor Phil Spector. El disco en el que Wilson forzó a los Beach Boys a dejar los temas de chicas, playas y autos para adentrarse y dar forma a un nuevo sonido en la costa Oeste, en la soleada California. Un sonido que reflejaba la llegada de la madurez, el cuestionamiento, la reflexión y la espiritualidad. Ese que le costaría a Wilson su salud mental y la enemistad del resto del grupo que no alcanzaba a entender su visión musical. Pet Sounds al darse a conocer fue un desastre a primera vista, los adolescentes que adoraban el sonido surf de los discos anteriores de la banda reaccionaron con desagrado ante las exploraciones sinfónicas de madurez, dedicadas a Dios, compuestas por Wilson. El resto de la banda enloquecía pensando en cómo podrían reproducir tal sonido en un escenario. El disco se convertiría con el tiempo en uno de los discos clásicos del rock n roll, el tiempo le daría la razón a Wilson. Si los Velvet Underground habían inspirado la personalidad decadente y diabólica de los Stones en los 70s, los Beach Boys se convertirían en la inspiración de los Beatles al grabar el Sgt. Peppers, así como de todo el “verano del amor.” Aunque el reconocimiento de éste último injustamente lo reclamarán los Beatles. Pet Sounds es otro de los discos que más he escuchado en éstos días, junto a los oscuros y abstractos discos que le siguieron y que dieron una marginal trascendencia a la banda de Wilson en su años de quebranto emocional,  discos como el Smiley Smile, el 20/20,  el Friends, el Surfs Up y el Sunflower. Discos que serian documentos del declive mental y emocional de Wilson de una forma intensa y casi poética.

Si bien los Velvet Underground se convertirían en antagonistas del “verano del amor”, junto a los Stones que tuvieron un descalabro psicodélico en algún momento, y después se abrazaron al legado de los Velvets para retomar su imagen de vagos decadentes y callejeros, en otras parte del mundo habían otros antagonistas, en Inglaterra, los Black Sabbath, claro, y más cerca, en la misma California, el mordaz Frank Zappa también se opondría al “flower power” con mucha intensidad, usando la sátira más brutal en sus discos junto a los Mother of Invention. Zappa y su banda se convertirían en una verdadera anomalía de la época, introduciendo elementos de composición moderna, jazz y doo woop de una forma no antes vista, aunque los Fugs en Nueva York ya abordaban una visión y una temática similar, sin tanto talento instrumental e inspirando también a la banda de Lou Reed con su audacia compositiva. Otra banda legendaria de Nueva York encontraría inspiración en el centro de toda ésta tormenta, los Steely Dan, de ellos hablamos más adelante. Zappa haría discos realmente extravagantes con los Mothers y posteriormente iniciaría una carrera en solista con discos extraordinarios de fueron jazz y rock que se convertirían en pilares de la música progresiva más adelante.

En lo particular discos como el clásico Hot Rats, el Overnight Sensations y el Zoot Allures, son discos que escuchado bastante últimamente, ya no tan enajenados en la estética “freak” de los Mothers, pero conservando ese desenfado y esa audacia que siempre ha caracterizado a Zappa, en éstos discos, Frank va mucho más allá de la sátira y la provocación, se dedica realmente a hacer música de avanzada, única y tremendamente influyente en otras bandas que seguirían su ejemplo. En particular hay sonidos de esos discos que muchas otras bandas recogerían,  entre ellos mi banda de música progresiva favorita, los Genesis. Para mí, me es muy difícil elegir una época específica de ésta banda, ya que a lo largo de su carrera y de los cambios que han experimentado, han dejado discos fabulosos, desde sus inicios con Peter Gabriel al frente, el Foxtrot y el Selling England by the Pound son discos que tengo en mi “playlist” y no dejo de escuchar en todo momento, la complejidad y ambición de los primeros discos de la banda, y después, la madurez compositiva de su etapa con Phil Collins al frente. ¿Quién iba a pensar que tras la salida de Peter Gabriel, la banda encontraría en Collins, su baterista, un cantante que sonaba casi idéntico a Gabriel, pero aún mejor que Gabriel? Con Collins al frente, Genesis haría discos fabulosos como A Trick of the Tail, el Duke y el Abacab, discos que me encantan de una banda que, mostraría la ruta a seguir para grupos de progresivo los 80s como Yes, King Crimson y Rush. Un tanto extraño cuando hoy en día pongo esos discos de Collins con Genesis y mis hijas me dicen que si es la música de la película de dibujos animados Tarzán. Parte de la maldición con la que cargará Collins hasta el final de su carrera, supongo que las nuevas generaciones ya no lo identificarán con la batería, con Genesis o con su carrera de cantante solista, sino con la caricatura de Tarzán.

A los Steely Dan de Nueva York, les tocaría recoger el legado de, ni más ni menos, que de Bob Dylan, The Fugs y Lou Reed, y la banda sería tan fenomenal que incluso encontraría la manera de agregar a su ADN la influencia de Frank Zappa, los Beach Boys y los Grateful Dead, no poca cosa. No por nada los Steely Dan, que tomarían su nombre de un juguete sexual aparecido en la novela Naked Lunch del genial William S. Burroughs, si esa que suelo leer casi cada año, son una de mis banda favoritas. Capaces de conjugar el aspecto literario de Dylan, Reed y Los Fugs, con los ambiciosos sonidos  dinámicos de Zappa o los Velvet Underground.  Esos que estaban más obsesionados por el sonido perfecto y la complejidad. Esos que probablemente veían su futuro no en los escenarios, sino en los estudios grabando el disco con el sonido perfecto. Los Steely Dan se convertirían en antihéroes musicales por excelencia en los 70s, cuando rechazarían la furia del punk rock, del heavy metal o de la música disco, para concentrarse en consolidar un sonido pop llevado a la perfección, sumando generosas dosis de jazz, poniendo posteriormente un énfasis inusitado y obsesivo en la ejecución y la grabación en el estudio, que sería de gran influencia en bandas como los Eagles, los Dire Straits, los Doobie Brothers los legendarios Toto y la sorprendente St. Vincent. Sería la locuaz obsesión con el detalle de los Steely Dan en el estudio, la influencia principal de muchos músicos que se meterían de lleno en el estudio para crear obras de gran calidad musical en los 80s. Por cierto, los Steely Dan se mudaron de Nueva York a California a finales de los 70s.

Por alguna razón, cada una de esas bandas que he mencionado y de esa música que he escuchado obsesivamente de forma reciente, hacen eco con la serie You, cuya tercer temporada acabé de ver hace unos días. La dicotomía radical entre ambas costas, convertidas en si en culturas casi contrarias dentro de un mismo país. La obsesión artística de Nueva York y la obsesión espiritual de California, ambas con sus pros y contras, ambas con sus claroscuros. Es más claro verlo en una serie como You, cuya primer temporada sucede en Nueva York y la segunda en Los Ángeles. Cabe mencionar la brutal y apocalíptica tercera temporada que logró salir a flote con una mezcla de la brutal Serial Mom de John Waters y la exitosa Desperate Housewives, mostrando mujeres peligrosas y asesinos en serie carismáticos al estilo American Pyscho. No me cabe la menor duda que el ya mencionado John Waters, Pedro Almódovar y Bret Easton Ellis serían felices viendo la serie, aunque quien ya se ha manifestado como fan de ésta es ni más ni menos que el “rey” Stephen King. Nueva York vs. Los Ángeles, el materialismo vs. la espiritualidad, los Velvet Underground vs. los Beach Boys, los Public Enemy vs. los NWA, 2Pac Shakur vs. The Notorious B.I.G. Por cierto, ¿Alguien vio el capítulo de la caricatura Inside Job, en dónde salen 2Pac y Notorious escondidos en un bunker? Otra de mis recientes obsesiones, una caricatura para adultos, de la misma gente que hacía la brillante Gravity Falls, ésta vez llevando el concepto de las “teorías conspirativas” a una escala extraordinaria.   

Imposible hacer a un lado las teorías conspirativas que parecen inundar internet en los años más recientes, como “genero literario” debo confesar, resulta sumamente divertido, no al grado de la genialidad del buen Thomas Pynchon, pero sin duda, si pensamos realmente, hoy podemos reír a carcajadas con las alucinantes teorías de los QAnon y la resurrección de JFK Jr., entre otras locuras que deben estar llenando de inspiración al buen Alan Moore. Por eso me he dado tiempo en éstos días de leer un poco más a David Icke, a quien respeto enormemente cuando habla de la libertad de expresión, pero de quien simplemente no puedo tomar en serio sus libros sobre conspiraciones (aunque la cosa se pone muy oscura y nefasta, si sustituimos los lagartos extraterrestres y pedofilos que lo obsesionan tanto, por judíos), me queda claro que Icke se obsesionó con la primer película de Conan el Bárbaro y el concepto de esas creaturas reptilianas que controlan al mundo, y ahora se ha enganchado bastante con The Matrix, la imaginación y la creatividad de Icke no tiene límites, aunque su lógica en ocasiones resulta por demás infantil. Vale la pena leerlo para entretenerse un rato, pero resulta difícil pensar que se le pueda tomar realmente en serio, mira que pensar que el final del video de Thriller, en dónde Michael Jackson muestra al final unos ojos como de serpiente, sea una prueba fehaciente de la existencia de los reptilianos, resulta algo demasiado absurdo, más allá de Icke, en lo personal prefiero a Daniel Estulin y sus historias sobre El Club de los Inmortales. Ese libro lo leí en un par de horas y concuerdo en algunos temas sobre el transhumanismo que en un par de años será una realidad. Hay que seguir escuchando música, y leyendo, sin dejar de escribir.