Por: Rolando J. Vivas

Vamos a abrirnos un poco más, en actitud un poco confesional y haciendo un lado ese aterrador miedo al ¿Qué dirán? Para perder el miedo, hay que avanzar, desafortunadamente una de las consecuencias de tener miedo, es quedarse paralizado, así que hay que ser fuertes y valientes, aplicar en ocasiones fuerza extrema para seguirnos moviendo. Todos tenemos placeres culposos ¿No? Así que aquí van algunos de los míos. No comulgo con las ideas “paranoicas” de David Icke, por ejemplo, pero le admiro cuando dice que una vez que nos atrevemos a hacer el ridículo y seguir adelante, no hay nada que nos pueda detener. Eso es muy cierto, superar el ¿Qué dirán? Es fundamental para el desarrollo de nuestra seguridad y autoestima, si entendemos que somos seres humanos y que tarde o temprano haremos un poco el ridículo, la vida se vuelve más sencilla. Icke lo sabe perfectamente, ya que se convirtió en el “hazmerreir” más grande en el Reino Unido cuando se declaró “hijo de Dios” en la televisión británica y denunció una “conspiración” por parte de reptiles extraterrestres y pedófilos que se alimentaban de niños. Icke comentó que después de eso, pasó por momentos realmente oscuros. Después de eso, vimos como Icke se convirtió en uno de los más exitosos escritores sobre las teorías de conspiración. Lo confieso, he leído varios libros de Icke, gran parte de lo que escribe me parece ciencia ficción, y por cierto, una ciencia ficción muy divertida. No dejo de pensar que Icke se obsesionó con películas como Conan el Bárbaro y Matrix, pero hay que reconocer que Icke supo hacer un gran negocio a partir de su paranoia y enorme imaginación. Si, leo libros de Icke y de Daniel Estulin (otro que me parece también bastante creativo, aunque en vivo es un somnífero, a diferencia de Icke), Icke es un personaje con una ENORME cantidad de información (no confundir con conocimiento) y que en la época en que vivimos, asfixiados por información, Icke se mueve como “pez en el agua”. Por lo menos las palabras de Icke son más interesantes que las del nefasto Alex Jones, cero carisma, cero inteligencia, pura naturaleza cavernícola y una afinidad enorme para el ridículo. Hay que admirar a Icke cuando habla de la libertad de expresión, porque en eso el hombre es brillante. Eso y el dinero que embolsa cuando habla de los reptiles. Imposible negar la diversión que representa leer un libro de Icke, como un buen capítulo de los Simpsons, de Gravity Falls o de Inside Job. Pero por favor, no tomen a Icke tan en serio.

Mis amigos escuchaban a Slayer y a Metallica con gran entusiasmo en los 90s. Yo también escuchaba a esas bandas, y las sigo escuchando, pero recuerdo que las criticas eran enormes si uno se salía de la tiranía de esas bandas. La crítica era dura y eso es malo ya que suprime de alguna forma la individualidad de las personas. ¡Que aburrido si todos escucháramos los mismo! De ser así, jamás hubiera escuchado a Napalm Death, a los Velvet Underground, a los Steely Dan, a los Beach Boys, a los Chrome, a Fela Kuti, a David Bowie o a Egor Letov. Tampoco hubiera escuchado a Celso Piña, a los Smiths o a Kanye West. Tal vez mis gustos se podrían parecer a esa lista que dejó Lou Reed en Spotify antes de morir, denle una revisada para que sepan de lo que estoy hablando. ¿Cómo no escuchar a Celso Piña cuando en los 80s, Celso y la música “colombiana” era tan “underground” como Kreator, Sarcofago o Sepultura? Celso Piña no era popular, la gente te veía feo cuando hablabas de Celso Piña. Al final Celso tuvo la razón, y tuvo su merecido momento de reconocimiento y éxito antes de morir. Los Smiths siguen siendo un “trago” difícil para muchos, eran como la antítesis de los The Cure, por alguna razón para muchos era más fácil aceptar la onda oscura de Robert Smith y compañía, que la desafiante actitud inspirada en Oscar Wilde de la banda de Morrissey y Johnny Marr. Pero los Smiths no sólo eran Oscar Wilde, también eran los New York Dolls y los Stooges. Morrissey sería presidente del club de fans de los NYD en el Reino Unido y en la guitarra de Marr está patente es feroz estilo omnipresente de James Williamson de los Stooges. ¡Claro que escucho a Kanye West! Aunque mantengo mi distancia con su persona, al igual que con Icke, no dejo de pensar que West ha hecho parte de la mejor música negra de años recientes, a un nivel de Michael Jackson o Prince. West se ha metido en territorios musicales complejos y ha salido librado como nadie. Discos oscuros y audaces como el 808 & Heartbreak, que no es pop, ni hip hop, pero toma de ambos y devuelve algo completamente único. El ambicioso My Beautiful Dark Twisted Fantasy, que sigue siendo uno de mis discos favoritos de West o el Yeezus, seguramente el pináculo de la osadía de West, algo así como el Metal Machine Music de éste personaje. Detestado por muchos y muy valorado por otros. Adelantado a su tiempo, no dudo que su disco más reciente. Donda, siga esa misma ruta de adelantarse a lo que existe actualmente y que en unos años sea reconocido como una pieza musical única.

Claro que me gusta el cine de arte, Buñuel, Hitchcock y Jean Luc Godard, cine que para muchos podría parecer incomprensible ya aburridísimo, pero también me gusta la comedia. Claro muchos dirán que el cine de John Waters, el “rey del mal gusto”, no es comedia como tal, sino una brutal provocación, y en cierta forma tienen razón. Pero no podemos pasar por alto la enorme influencia de Waters en las comedias de hoy en día. La comedia estadounidense desde hace varias décadas vive una “época de oro” en la que el surrealismo ha jugado un papel fundamental, el cine de los hermanos Farrelly o las películas de Sacha Baron Cohen, que no pueden negar su deuda con Waters, Warhol e incluso con Buñuel. Nada tiene que ver Adam Sandler con el cine de arte, aunque ha hecho películas exquisitas como Punch-Drunk Love, una de mis favoritas, y la intensa Uncut Gems, que debió ser un divertidísimo puñetazo en el estómago para aquellos que adoran las comedias románticas de Sandler. Las películas de Sandler son otros de mis placeres culposos, esas comedias grotescas que no podrán tener mucha trascendencia pero que al final resultan subversivas hasta cierto punto, audaces y que a más de uno les deben de parecer repulsivas. Mi favorita de ésta corriente, por decirlo de alguna forma, sigue siendo Talladega Nights: The Ballad of Ricky Bobby con Will Ferrel, el ya mencionado Sacha Baron Cohen y el siempre genial John C. Reily. He visto ésta película muchas veces y me sigue pareciendo lo más divertido del mundo, peligrosamente hilarante. Will Ferrell no me entretiene tanto como Sandler, pero en esa película en particular, dirigida por el genial Adam McKay (no se pierdan Dont Look Up), Ferrell es espectacular. Y si de series hablamos, podría mencionar a Rita, de Netflix, que no dejo de pensar que es lo mejor que he visto en esa plataforma de “streaming”, creo que nadie excepto yo la veo, pero cada vez que escribo sobre esa serie me “llueven” visitas. Algo así como cuando habla de G.L.O.W., Si muchos enloquecieron con la estética de los 80s de Stranger Things, yo enloquecí con esa misma estética pero en G.L.O.W., que combinaba de forma casi “hipnagógica” los colores, los sonidos, los efectos (casi como disco de Ariel Pink), los vestuarios y la lucha libre, de una forma que por lo menos a mí, me resultó arrebatadora.

Lo más curioso de mis placeres culposos y de mi miedo en ocasiones a confesarlo, es algo parecido a lo que sucedió con Icke, mucho del miedo y de lo que creemos que pueda pasar, no existe en otro lugar más que en nuestra cabeza, y cuando nos atrevemos a confesarlo, la sorpresa es grata al encontrar gente que pensaba igual, gente que también tenía miedo decirlo y que de repente te dicen: “Te admiro por decir lo que yo no me atrevía” y al final ese estado vulnerable en el que creemos ponernos, termina jugando a nuestro favor y termina mostrando que después de todo, somos humanos y somos únicos, y esa particularidad es la que nos hace interesantes. He platicado de forma sumamente entretenida sobre las teorías de conspiración hasta altas horas de la noche, y me encanta, he escuchado y disfrutado de la música de Celso Piña con mis amigos y creo que hasta hemos bailado. Me reído a morir con las películas de Adam Sandler y he sentido ganas de llorar viendo a Rita, y eso, nadie me lo quita. Cómo dicen “al final, nos van a criticar por todo…”