Por: Rolando J. Vivas

Se dice que “eres tan joven, cómo la última vez que cambiaste de opinión.” De ser así, que acabo de volver a nacer. Otra vez. El fin de semana mientras platicaba con mi esposa expresé una opinión sobre determinado tema. Más tarde reflexioné un poco sobre mí opinión y decidí cambiarla. Pienso que a mi esposa le sorprendió un poco que rectificara mi opinión, no debiese ser así, la única constante en ésta vida es el cambio. Dicen que es de sabios cambiar de opinión. Ahora bien, admito que me equivoqué en otra opinión, asi que voy a rectificarla, ésta es al respecto del tenista Novak Djokovic.

Hace unos días escribí sobre él lo siguiente:

“El tenista número 1 del mundo actualmente, Novak Djokovic, a quien muchos ya ven enfilándose como el más grande tenista de la historia, fue impedido para permanecer en Australia, actualmente se promueve su deportación por no cumplir con los reglamentos de ingreso debido a la pandemia. Por tal motivo, Djokovic posiblemente no participará en el torneo Abierto de Australia éste año. Djokovic decidió no aclarar su estatus respecto a la vacunación, ejerció su derecho a no revelar su estado y por ello se le negó el ingreso libre al país. Djokovic se ha mostrado escéptico respecto al COVID y a la vacunación, a pesar de esto lo ha manejado como una desición personal y no ha emprendido campañas públicas, como otros, en contra de las vacunas o negando como algunos fanáticos la existencia del virus. Imposible negar el derecho individual de Djokovic de aceptar o no ser vacunado, imposible negar su derecho a omitir su declaración de si se encuentra vacunado o no. Novak  ha tomado una decisión y tendrá que asumir la responsabilidad por ésta, sin culpar a los demás. Australia es uno de los países con mayor avance en cuanto a vacunación voluntaria de su población, con más del 90% de alcance. Un país de naturaleza liberal, con una economía y un sistema democrático ejemplar, que ha manejado la pandemia de la mejor manera posible, controlando el número de decesos por COVID, con una de las tasas de mortalidad por COVID, más bajas en el mundo.”

“Lo acontecido a Djokovic ha causado gran revuelo entre aquellos que se dicen defensores a ultranza de la libertad individual. Se ha hablado de Djokovic como un abanderado de la no vacunación, siendo que el tenista no se ha asumido públicamente de ésta forma. Se ha criticado al gobierno Australiano por su desición de negar el ingreso libre de Djokovic en el país, siendo que la desición de no acatar las leyes de ingreso a Australia fue del tenista. De forma aún más absurda, se ha acusado al gobierno Australiano de ser una “dictadura” por no permitir el ingreso del tenista, algo que resulta por demás incomprensible, siendo que Australia sigue siendo uno de los países ejemplos de un sistema liberal en el mundo. Curiosamente, muchos de los que hoy acusan a Australia de ser una “dictadura”, defienden a ultranza gobiernos anti democráticos, como el del húngaro Viktor Orbán, que ha declarado a los migrantes ilegales un peligro para la salud de Hungría. Una gran incoherencia. Djokovic no se ajusta a los requerimientos de un país y por ello los fanáticos lo declaran martir, y acusan a Australia de ser una “dictadura” por evitar el ingreso de alguien que incumple por su voluntad en los requerimientos de salud. Orbán carga contra los migrantes y los acusa de poner en riesgo la salud de Hungría, y los fanáticos lo declaran héroe y acusan a los migrantes de ser un peligro. Por cierto, en indices de libertad a nivel global, Australia cumple con 97 de los 100 puntos requeridos, Hungría cuenta con 69.”

Reconozco que me equivoqué al pensar que Djokovic era una persona responsable y honesta y que en ningún momento había ejercido una campaña contra las vacunas, que solamente había ejercido su derecho a no declarar sobre estar vacunado o no, y que habría aceptado las consecuencias, es decir, no participar en el Abierto de Australia. Pues bien, cambio de opinión, Djokovic no es una persona ni responsable ni honesta. Esto luego de que el tenista confesara habar dado entrevistas a periodistas a pesar de tener conocimiento sobre ser positivo en prueba COVID. Así Djokovic puso a peligro conscientemente a los periodistas. Después, al ingresar a Australia, Djokovic mintió al manifestar que no había viajado previamente a otros países en fechas recientes, siendo que si lo había hecho.

En cuestión de días, Djokovic se convirtió en el “mártir de la libertad” y de aquellos que rechazan la efectividad de las vacunas o las restricciones por salud que se están implementando en algunos países. Pues bien, el mártir resultó un hipócrita. Ahora vendrá la disonancia cognitiva de sus fanáticos, supuestos amantes de la libertad, pero que no les gusta ni la responsabilidad, ni las consecuencias, y defenderán a capa y espada de forma irracional a Djokovic. Alegando un sin fin de disparatadas teorías y justificaciones incoherentes. Así como otros fanáticos defienden ciegamente al presidente del país y su fallida administración a pesar de las contundentes pruebas de su ineptitud.

La disonancia cognitiva generada es la responsable de la distorsionada imaginación en la que viven los fanáticos del libertinaje, no de la libertad. Y que los lleva a crear alucinantes narrativas disparatadas en las que se condena “dictaduras” como Australia, Francia y Alemania, pero se festeja “países con valores” como Rusia, Polonia y Hungría. Así de difícil y avergonzarte resulta en ocasiones para un fanático admitir la realidad. Así de imposible les resulta cambiar de opinión. Así de complicada es la vida de quienes lejos de dominar sus emociones, son dominados por ellas.

Djokovic cambió de opinión. De reservarse su derecho a declarar estar vacunado o no, prefirió admitir que mintió irresponsablemente, poniendo en peligro a otros en dos ocasiones. Sigue siendo irresponsable y deshonesto. Pero ha tenido el valor de confesar sus errores ¿Lo tendrán sus fanáticos que lo hicieron mártir? ¿O seguirán en ese bucle de interminables maromas para inventarse una realidad alternativa antes de admitir un error? Vivir en la disonancia cognitiva debe ser un tormento para ellos, tanto que mejor evaden la realidad. Vivir idolatrando, defendiendo ciegamente e idealizando a un ser humano con defectos, como todos los tenemos, debe ser un infierno.