Por: Rolando J. Vivas

Han sido días intensos y extraños éstos que marcan estruendosamente el inicio del 2022. De todo podemos quejarnos, menos de que hayan sido aburridos. La frágil salud del presidente López Obrador cada vez se pone más de manifiesto, su pésima condición física, antecedentes de infartos, dos veces contagiado de Covid y esa insana afición populista que le copió al mandatario más popular del planeta (no el mejor definitivamente) Narendra Modi, el primer ministro hindú que se la pasa comiendo en puestos callejeros para darse “baños de pueblo” y apantallar incautos. No resulta extraño que la fragilidad del presidente López Obrador se pusiera de manifiesto luego de la visita de diplomáticos estadounidenses que vinieron a externar su dura postura respecto a la iniciativa del gobierno, concerniente a la contra reforma eléctrica. Mientras el impresentable director de CFE, Manuel Bartlett despotricaba en contra de medio mundo, furioso (Me encantaría verlo ir a defender su punto a Washington), el presidente iba a una “visita programada” al hospital. En dicha visita sería sometido a un cateterismo cardíaco, del que saldría horas después visiblemente disminuido(aunque unos días después se le vio vestido de peloterito listo para hacer el ridículo dizque jugando al beisbol). Apenas unos días antes, el presidente, que siempre ha desdeñado el uso de cubre bocas y ha negado la importancia debida a los cuidados durante la pandemia, había salido de su segundo contagio de Covid. Días antes, el presidente había dado uno de sus shows por la mañana, sin cubre bocas y ya enfermo, algo que a cualquier mandatario de clase mundial le hubiera costado el puesto. Rodrigo Duterte. Presidente de Filipinas seguramente lo hubiera enviado a un calabozo. Probablemente el presidente López Obrador prefiere alienarse a mandatarios más irresponsables como el primer ministro Boris Johnson, que en plenos confinamientos decidió irse de fiesta. La espada de Damócles continúa colgando sobre la cabeza de Johnson, a la vez de que el irresponsable primer ministro, optó por levantar una cortina de humo para salvar el cuello, alzando una cortina de humo y declarando el fin de todas las medidas y restricciones contra el Covid en el Reino Unido. Johnson obviamente valoró más su puesto, que la salud del pueblo británico.

Johnson resultó, como diría el mandatario estadounidense, Joe Biden, todo un “hijo de puta”, o Biden querrá haber dicho “hijo de Putin”. La derecha estadounidense le ha aprendido mucho a la izquierda, y ahora se victimizan y se rasgan las vestiduras por las palabras de Biden, se olvidan de los discursos racistas y misóginos de Trump, así la derecha poco a poco va aprendido y aplicando las mañas de la izquierda, probablemente porque no son tan diferentes. Uno de mis jefes dice todo el tiempo “hijo de puta”, la verdad me resulta bastante escucharlo, es un gran tipo. La verdad es que dudo que alguien se ofenda pro esas palabras. La libertad de expresión es un derecho que debemos defender a toda costa. Eso hasta el magnate Ricardo Salinas Pliego, el “Trump mexicano” lo sabe. Todos tenemos un mal día, Salinas Pliego enfermó de Covid, recibió un mandato de un tribunal para pagar millones en impuestos que adeuda y por si fuera poco, su cuenta de Twitter fue suspendida. Salinas Pliego es antifrágil, y rápidamente salió adelante. Habló bien con respecto a la libertad y a la responsabilidad, no cualquiera lo hace en estos días en que sólo se quiere el libertinaje y no la responsabilidad que conlleva la libertad. Y hablando de Trump, ahora pienso que hasta cierto punto Trump (que no es JFK disfrazado, como QAnon lo presume), decía la verdad cuando declaraba que: “Cuando México nos manda gente, no nos manda a los mejores, nos manda gente con un montón de problemas, que nos traen drogas, crimen, violadores…”. Claro que tenía la razón, basta con ver a los embajadores que el presidente López Obrador ha elegido recientemente, ex priístas corruptos que pactaron con el oficialismo para no ser investigados, personajes con adicción al alcohol que han participado en escándalos en otros países, y por si fuera poco personajes acusados de acoso sexual. Si, Trump tenía razón, por eso éstos impresentables ya fueron rechazados en España y en Panamá.

Pero también hay impresentables en el país, un gobernador y su pareja que extraen a un niño del DIF para “rentarlo” un fin de semana y subir fotos con él al Instagram, una gobernadora que fue a tener a su hijo a los EEUU (¿Pues no que teníamos un sector salud del nivel de Dinamarca?) y después le presenta una foto a su bebé del presidente, y le dice que “es el mejor presidente que ha tenido México, en un arrebato de absurdo culto a la personalidad, y por si fuera poco, unos desalmados e Puebla que extraen el cuerpo de un bebé recién fallecido para rellenarlo con droga para introducirla a un penal. Esa es la nación amorosa el presidente, con más homicidios que en sexenios anteriores, con más ejecuciones por parte del crimen organizado que en sexenios anteriores, con más violencia, con más corrupción. Claro, pero todo es culpa del “neoliberalismo”. ¿También será culpa del neoliberalismo el tren que atravesará la selva tumbando árboles en el sur del país? ¿También será culpa del neoliberalismo el aeropuerto al que no llegarán los aviones? ¿También será culpa del neoliberalismo la refinería que quedará lista cuando sea el tiempo de los autos eléctricos? La imprudencia corre rampante por América, si no, pregúntenle a Nayib Bukele, presidente de El Salvador, otro “popular” mandatario que ha perdido millones “apostando” al Bitcoin (que ya ha perdido la mitad de su valor en menos de tres meses), y que compra más criptodivisas ahora que los precios se han derrumbado con la esperanza de un rebote en el precio. Cualquier experimentado inversionista le podría decir que se gana comprando y vendiendo, y que el mejor momento para comprar es ates de que se disparen los precios, y que el peor momento para comprar es cuando los precios van en picada, como ahora, ya que al día siguiente el precio continuará cayendo y la compra del día antes ya será cara. Mientras, Elon Musk dice que se comerá con gusto una “cajita feliz” de McDonalds en televisión, si éste establecimiento le acepta el pago con Dogecoin. Sería mejor para Bukele comprar Dogecoin. Musk es alguien que ha sabido comprar criptomonedas cuando tienen valor bajo, arreglar algún espectáculo mediático para impulsar el precio y luego venderlas. Pero Musk es Musk y Bukele…pues…pobre diablo.

Leí hace poco en Twitter, que los ultra derechas dicen que “mundo está por colapsar”. Mi abuela decía que había “loquitos” que decían esto desde que ella era niña. Dudo que el mundo esté por colapsar, es algo que emociona y llena de algo de vida las existencias de aquellos cuyas vidas están vacías y requieren “superhéroes” para animar sus días. El hecho de que Putin haya decidido avanzar sus piezas rumbo a la frontera de Ucrania, que haya cerrado filas con Bielorrusia y que haya introducido sus tropas a Kazajistán, no significa que el mundo esté por colapsar. Son esos mismos ultra derechas los que se emocionan cada vez que Putin o Santiago Abascal aparecen practicando artes marciales, sin camisa o arriba de una motocicleta. Parece como si una figura paterna les hubiera faltado en su niñez. Buscan un padre y una figura masculina de forma desesperada. Putin es un experto en manejar las apariencias, pero éstas no se sostienen demasiado tiempo. La guerra armada es cosa del pasado. A Putin lo que le espera si continua amenazando, es una guerra económica que le llegará por todos lados, y que hará blanco justo en su talón de Aquiles, el dinero. Todo es cuestión de que se congelen sus múltiples cuentas a nombre de sus amigos a nivel mundial, que las cadenas de suministro de alimentos y tecnología dejen de fluir hacia Rusia y que el gas empiece a llegar a Europa desde otros rumbos para que el “neozar” favorito de los desvalidos ultra derechas empiece a despotricar acerca de los “embargos inhumanos” de los EEUU, como Fidel Castro solía hacer. Para muchos podría parecer difícil entender como Putin ha logrado las simpatías tanto de la extrema derecha, como de la izquierda radical en el mundo. La verdad, es que explicarlo es muy sencillo, el virus que Putin ha esparcido por el mundo, es el virus del nacionalismo, ese mismo que en su momento desmembró a la Unión Soviética, es el mismo que Putin ha liberado, es un virus que los radicales de mente infantil adoran. Putin aprendió en carne propia el “divide y vencerás”, ahora lo aplica como un maestro, mientras puede. Con Trump, no tuvo quien lo contuviera, pero es posible que la suerte se le haya terminado. Bien decía Albert Einstein: “El nacionalismo es una enfermedad infantil, es el sarampión de la humanidad”.

Murió ayer Olavo Cravalho, uno de los referentes mundiales de la ultra derecha oscura y tradicionalista de nuestros días, derecha retrógrada diría yo. El excéntrico Carvalho viviría sus últimos años en los EEUU, luego de que el Partido del Trabajo ganará las elecciones hace décadas en Brasil. Hablar del “referente intelectual” del actual presidente Jair Bolsonaro, resultaría extraño. Bolsonaro no es precisamente alguien a quien asociaría con la “intelectualidad”. Si consideramos que Olavo fue un escéptico y duro crítico en lo referente al covid y las vacunas, y su muerte sería a causa de un contagio del virus, las conclusiones de la inteligencia de Carvalho no parecen muy halagadoras (Algunos dirán “justicia poética” considerando que Carvalho intervino para que Brasil empezara con los programas de vacunación, provocando que el país sufriera uno de los mayores números de muerte en el mundo). Claro que podríamos hablar de Cravalho y el oscurantismo de sus teorías y las típicas acusaciones en contra de George Soros y de China. Eso acercaría a Cravalho al “Rasputín” de Trump, el ya muy “caído de gracia” Steve Bannon. Los fans de Bannon debieron sentirse bastante ridículos luego de que fuese revelado que Bannon era patrocinado por el magnate chino Guo Wengui con el fin de enviar ataques a China, la famosa declaración de Trump respecto al “virus chino”, fue impulsada por Bannon, pero el verdadero iniciador fue Wengui. Por lo menos Aleksandr Dugin, el ideólogo de Putin, es un personaje más interesante y menos nefasto que Cravalho o Bannon.

De sobra sabemos que el legendario músico Neil Young, es un tipo con fuertes convicciones progresistas, su lucha a favor de libertad de expresión, en contra de las corporaciones y a favor del medio ambiente se ha puesto de manifiesto una vez más y lo ha puesto contra el servicio de streaming de audio Spotify. Young ha decidido retirar su música de los servidores de Spotify si éstos continúan siendo hogar del podcast del popular personaje Joe Rogan. Rogan ha conseguido impresionantes niveles de audiencia y se ha convertido en un factor tan controversial como Trump, David Icke o Facebook lo fueron en algún momento. Rogan ha entrevistado en su show a personajes bastante interesantes como Elon Musk y Jordan Peterson, pero también ha dado espacio a otros más nocivos que han realizado críticas escépticas sobre el Covid y la vacunación, lo cual raya en la desinformación, motivo por el cual Young ha decidido tomar acción. Young es una figura legendaria de casi 5 décadas en el mundo de la música, Young no necesita a Spotify (Sin Spotify, Young ha vendido millones de discos, y seguramente su postura fortalecera su leyenda musical), y seguramente Spotify no necesita a Neil Young (Aunque Spotify es una empresa sueca de tendencia progresista). Sin embargo, Young es una figura venerada por otros músicos y su acción podría desencadenar una poderosa reacción. Difícilmente Spotify decidirá prescindir del popular show de Rogan, su actual “gallina de los huevos de oro”, aunque siendo honestos, Rogan es tan enormemente popular en estos momentos, que Rogan tampoco necesita a Spotify (aunque la popularidad en la era de las redes sociales es bastante efímera). Young no necesita la publicidad, sigue tan vigente y activo, hace apenas unos meses editó un poderoso disco nuevo. Tal vez otros estén más desesperados que Young y por eso han entrado al juego de la conspiración ya tratar de robar algo de la fama de personajes como David Icke o Alex Jones, ahí está el cantante caído en desgracia Miguel Bosé, que se estrena como “conspiracionista”, o el legendario guitarrista Eric Clapton, casi retirado y cuya actividad ha perdido trascendencia en años recientes, y ahora decide presentarse como activista anti vacunas, pareciera que Clapton perdió varias neuronas durante sus documentadas épocas bajo el influjo de las drogas, y parece que Clapton ha visto algunos de los shows más deplorables del señor Rogan. Demasiado calor y muchos carbohidratos, dirán algunos.