Por: Rolando J. Vivas

Vladimir Putin finalmente decidió invadir Ucrania el día de ayer. La desición fue relativamente sorpresiva, luego de que la semana pasada se filtró información sobre una posible incursión rusa. La tensión se disparó ésta semana luego del reconocimiento formal por parte del gobierno ruso, de dos zonas ucranianas con población rusa y actividad prorrusa. Esto fue la excusa perfecta para la incursión rusa, argumentando la protección de la población rusa. La realidad es que la incursión por parte de Rusia, acompañada de Bielorrusia, fue una a mayor escala, ingresando en otros territorios de Ucrania y buscando acercarse a la capital Kiev, ciudad que en éstas horas próximas sera asediada por el ejército ruso. Putin negó la semana pasada una invasión, pero también se negó a reunirse con el presidente Joe Biden, quien aceptaba la reunión bajo la promesa de Putin de no ingresar a Ucrania.

Putin es un hombre atrapado (En cierta forma Joe Biden también, posiblemente de la forma en que afronte éste reto, dependerá la permanencia de los Demócratas en el poder en los EEUU). Atrapado por su obsesión con el pasado imperialista soviético, atrapado por su deseo patológico de dividir a la Unión Europea, como piensa que Occidente dividió a la Unión Soviética, atrapado por la paranoia de conservar el poder y no permitir la cercanía de quién el considera sus enemigos. Los discursos de los días recientes nos muestra a un Putin desconectado de la realidad, un Putin que a toda costa quiere volver a unir al viejo imperio soviético. Putin ha pasado muchos meses recientes en soledad, temeroso del Covid, Putin se ha aislado hasta de sus colaboradores más cercanos. En éste tiempo, el conflicto en Kazajistán, le permitió aumentar su influencia en esa zona, lo que sumado a al contro político que ejerce sobre Bielorrusia, debió despertar una fuerte nostalgia en él. “Recuperar” Ucrania, seguramente era el siguiente paso.

Putin ha concentrado gran parte de sus energías en separar a la Unión Europea, en aplicar la misma receta que considera, fue aplicada al URSS, por ello su deseo de financiar movimientos y partidos nacionalistas en toda la Unión Europea. Putin sabe que el nacionalismo es un fantasma que sigue habitando en Europa, vio como éste separó a la Unión Soviética, y por ello Putin ha usado el mismo veneno en la Unión Europea, patrocinando a partidos de izquierda radical y de extrema derecha. Irónicamente, el ataque de Putin a Ucrania, podría finalmente tener un efecto totalmente contrario a sus deseos, al ser visto como una amenaza mayor a otros territorios cercanos a Ucrania, como Polonia, Alemania, los países Bálticos, Rumania, Suecia y Finlandia, éstos podrían reaccionar, generando una mayor “unión” y solidaridad dentro de la Unión Europea, y podría nuevamente fortalecer a la OTAN.

Increíble que estemos en el siglo 21 y nuevamente estemos hablando de algo que creíamos parte del pasado, una guerra armada. Seguramente el ataque ruso sea una acción de corta duración, una guerra implica un costo muy alto a la economía rusa, que no podría sostener una acción prolongada. Es probable que el avance de Putin sea rápido en Ucrania, la historia nos dice que las acciones de un autócrata son muy agiles y suelen tomar a las democracias por sorpresa. Las democracias reaccionan lento porque les cuesta ponerse de acuerdo. Pero algo que también nos enseña la historia, es que al final, acciones ilegales de éste tipo generan repudio y desatan fuerzas mayores en su contra, durante la segunda guerra mundial, vimos a los EEUU, a Gran Bretaña y a la URSS, unirse en contra de la Alemania Nazi, por lo que no sería descabellado pensar en un frente formado por los EEUU, la Unión Europea y el Reino Unido para contener a Putin. En un giro que podría resultar por demás inesperado, incluso podría acercar a los EEUU y China, considerando que China considera a la Unión Europea como un socio importante, mucho más que Rusia. Al día de hoy, Rusia ya ha desatado su poder bélico contra puntos estrategicos en Ucrania, aeropuertos y bases militares, y en pocos días cambie la modalidad a una guerra híbrida más enfocada a causar daños en sitios de internet y de comunicación en el país.

La guerra se expandirá a un encuentro de poderes más allá de lo bélico, con Occidente imponiendo fuertes sanciones a Rusia en lo político, lo económico y lo financiero, mientras que Rusia tomaría acciones para castigar a la Unión Europea en el tema energético, incrementando precios de gas y petróleo, e incluso reduciendo o cancelando el suministro de éste. Simbólico que las tropas rusas hayan llegado a Chernóbil, sitio en dónde ocurrió uno de los mayores desastres nucleares de la historia. Simbólico si consideramos que la energía nuclear parecería ser la mejor opción para que la Unión Europea pudiera terminar con su dependencia del gas y petróleo ruso. Adoptar una política energética basada en la energía nuclear, podría ayudar a un país como Alemania, a recuperar su poderío económico y ser un motor más sólido junto a Francia e Italia, dentro de la Unión Europea. Si esto sucediera, es posible que la Rusia de Putin entraría en una grave crisis económica.

Al final, la guerra desatada por Putin, es una guerra personal, que probablemente le acarreará problemas al interior del país. Putin sigue apelando a un pasado imperial soviético y la generación que vivió ésta época sigue desapareciendo, Rusia está entrando en una época en que la era soviética va quedando en el olvido y Rusia quiere verse como una nación moderna y no un objeto del pasado. Las protestas en las calles por parte de la población rusa, en contra de la guerra ya han comenzado en varias ciudades y varios de los protestantes ya han sido arrestado, una gran diferencia con un país como Canadá, en el que se toleraron las protestas recientes de los camioneros, mientras éstas fueron pacíficas y no afectaban a la población o a la economía del país.

El nacionalismo ha sido un virus pernicioso que Putin ha traído de vuelta al siglo 21. Una enfermedad que hace años debimos dejar atrás. Un virus que Putin ha inoculado igual en el Reino Unido durante el Brexit, o en los EEUU durante la administración Trump o incluso en regiones de España. Ahora Putin lo hace apoyando a las regiones separatistas en Ucrania. La incoherencia de Putin es que usa el nacionalismo y lo promueve para dividir a Europa, pero atenta contra la independencia Ucrania y acusa que el país es víctima del nacionalismo extremo por no ceder a las demandas rusas.