Por: Rolando J. Vivas

He platicado ya en varias ocasiones la anécdota sobre mis niñez y los productos importados. México era un país cerrado en los 80s, gran parte de los bienes de consumo se producían en el país y las importaciones aparentemente estaban controladas en las fronteras. Digo aparentemente, ya que, había “casas” a las que acudían y podías encontrar un sinfín de mercancía de origen estadounidense que podías comprar, obviamente en efectivo y sin factura. Hablo de televisiones, video casetera, refrigeradores, lavadoras, equipos de sonido y equipos para hacer ejercicio. Entrabas a una de esas casas y encontrabas decenas de éstos aparatos amontonados en salas y cuartos. Por lo regular, los dueños de las casas y quienes operaban éstos “negocios” trabajaban en aduanas. Así era el mercado negro en México en los 80s. Años más tarde, en los 90s, el libre comercio tendría su auge y las fronteras se abrirían para lograr una mayor integración entre los países de Norteamérica. Fue un duro despertar, pero uno muy necesario. Muchas empresas de gobierno no pudieron competir y desaparecieron, muchas otras empresas privadas, acostumbradas al proteccionismo, tampoco pudieron sobrevivir. Hay que señalar también que muchas materias primas y servicios estuvieron disponibles para quien quisiera aprovecharlo y muchos negocios crecieron también. Nuestra vida diaria se lleno de mercancías nacionales e importadas que gracias a la competencia y al libre mercado, reducían sus costos y se volvían más accesibles para gran parte de la población.

Recuerdo cuando abrieron el primer McDonalds en Monterrey, sobre la Avenida Gonzalitos, duró semanas a reventar, para poder ir a consumir alimentos la gente pasaba horas haciendo filas interminables. Había probado las hamburguesas alguna vez en algún viaje al vecino país del norte, era un lujo comer en esos lugares. Ahora McDonalds estaba en territorio nacional y los precios eran accesibles para todos. No podría decir que a partir de la apertura de fronteras y del libre comercio, nuestras vidas fueron más felices, pero si puedo afirmar que cambiaron. Las oportunidades y la posibilidad de mejorar el estándar de vida estaban ahora disponibles para toda la población. Algunos dirán que la tecnología nos echó a perder, algunos dirán que la comida rápida nos arruinó la salud, pero las opciones estaban ahí, ya la decisión de qué hacer o qué comer dependía de cada quien. Ya no tenías que ir a escondidas como un adicto, a buscar una droga, y exponiéndose a ser descubierto y acusado de un delito. Ya no tenías que soportar abusos en los precios por parte de traficantes de mercancías que ya podías adquirir en cualquier tienda a precios acordes a mercado y no al abusivo mercado negro.

En algún momento llegaron las tiendas de autoservicio extranjeras y se establecieron en el país, las mercancías disponibles para el consumidor aumentaron de forma estratosférica, la competencia ayudó a volver éstas mercancías disponibles para la mayor parte de la población, quien no aprendió a competir desapareció, quien no se adaptó tuvo que salir de mercado. Los que des aprendieron, aprendieron, se adaptaron y se volvieron flexibles, mejoraron gracias a la experiencia. El resultado es bien sabido, quien ganó al final fue el consumidor. Muchos comercios pequeños sucumbieron, no pudieron adaptarse a los cambios ni ofrecer una oferta atractiva a los clientes. Fue un proceso que pudiéramos señalar como de “destrucción creativa” para hacer referencia a Schumpeter. Muchos negocios se destruyeron, muchos otros surgieron más competitivos y el estándar de vida continuó en crecimiento, televisores, electrodomésticos, automóviles, ropa, alimentos. Esas brecha tan notoria entre país en desarrollo y país desarrollado se iba desvaneciendo, si bien, prevalecía la enorme desigualdad entre la población de México, ésta apertura ayudaría a que muchos años después, gran parte de los hogares tuvieran un televisor o en años recientes un teléfono móvil.

Derivado de las sanciones económicas impuestas sobre Rusia, a raíz de la invasión ilegal de territorio en Ucrania, Rusia se ha convertido en el país con mayores sanciones económicas aplicadas en el mundo. Un estrangulamiento económico que pondrá en fuertes aprietos a una economía rusa no en muy buen estado. Rusia, a pesar de contar con el mayor arsenal nuclear del mundo, tiene una economía bastante precaria para el tamaño del país. Una economía que se podría comparar a la par con la de Italia o la de México, algo no muy favorecedor si comparamos el territorio y la población de éstos países. Pensar que la economía rusa, es apenas del tamaño que la de Italia, el tercer país, después de Francia y Alemania dentro de la Unión Europea, no habla muy bien de la gestión del presidente Vladimir Putin. Ahora bien, las sanciones seguramente aumentaran la precariedad de la economía rusa, aumentando el deterioro de los años recientes y seguramente aumentando el malestar social de la población más joven, más conectada al exterior y menos arraigada a la escasez del periodo soviético.

Plataformas de redes sociales como Facebook, Instagram, Twitter, Linkedin, YouTube y Tik Tok, fueron de las primeras en suspender el servicio en Rusia, después vendrían plataformas de streaming como Netflix y Spotify, empresas de comercio electrónico como Amazon, y posteriormente empresas de tecnología como Apple, Microsoft, HP, Dell y Lenovo. Rusia empezaba a sentir el aislamiento de ésta forma. El paro operativo de empresas como Visa y Mastercard, encargadas de transacciones y monederos electrónicos implicarían un duro golpe a la población, y un regreso al pago en moneda física, dificultando operaciones comerciales en general. Esta semana, se sumaría a los cortes operativos, la suspensión del servicio de locales como McDonalds (cuyo inicio de operaciones en Rusia, fue símbolo en aquél entonces, del fin de la Guerra Fría) y Starbucks. Es probable que para quienes vivieron bajo el régimen soviético, éstas pequeñas ventajas del mundo moderno no signifiquen mucho, pero para las generaciones más nuevas, sin duda las sanciones de éste tipo, son dolorosas. Para el pueblo ruso, la fuerza es uno de los valores más apreciados, aunque un fuerte retroceso de décadas en el estándar de vida, no podía ser cosa fácil, sobre todo después de los apretones económicos que ha sufrido Rusia por su incapacidad de crecer económicamente, de la pandemia que causó cientos de miles de muertos derivado del mal estado de su sistema de salud, y ahora la guerra. Es temerario, pero no poco acertado, señalar que Rusia está poco a poco viajando al pasado, y la situación no debe ser nada grata. El enorme retroceso en su estándar de vida, no debe ser nada grato para el ciudadano, que por si fuera poco, tendrá que sufrir ya que Putin bloqueará exportaciones de materias primas y la compra de divisas extranjeras.

Rusia, de la mano de Putin, que parece anhelar el pasado imperialista del país, ha iniciado un viaje al pasado, del cual será complicado regresar.