Por: Rolando J. Vivas

Independientemente de los resultados que conoceremos en unas horas, la jornada electoral en Francia nos ha dejado en claro varias cosas. La primera de ellas, que después de la pandemia y la guerra en Ucrania, la política en Francia, parte del corazón de Europa, se ha transformado. Uno podía pensar que el ambiente se ha radicalizado. Los partidos tradicionales han desaparecido, la derecha y la izquierda tradicional ya no tienen presencia en el campo político. Hace 4 años Emmanuel Macron ganó las elecciones como candidato de centro. En estas elecciones, ña candidata de derecha moderada, Valérie Pécresse fue incapaz de navegar de buena forma a través de la turbulencia política derivada de la pandemia y de la guerra en Ucrania.

El avance más notorio, y hasta cierto punto inesperado, fue el de Marine Le Pen, líder del llamado Rally Nacional. Las opiniones al respecto de Le Pen comienzan a cambiar. Le Pen heredó de su padre el partido Frente Nacional, al cuál ya le ha cambiado el nombre, ha dejado fuera a su padre, e incluso a su sobrina, una de las figuras más populares de la extrema derecha. Le Pen ha visto surgir a un rival en la extrema derecha, el radical Eric Zemmour. Parte de la caída inicial en las intenciones de voto de Le Pen, al inicio se dirigieron a Zemmour. Hay que señalar que ña estrategia de radicalización de Zemmour no fue la correcta, acusaciones de racismo y misoginia lo dejaron lejos de la oportunidad de competir realmente y lo convirtieron en el “espantapájaros” de la contienda. Por increíble que parezca, Zemmour ayudó con su propuesta horrenda, a convertirse en la comparativa que volvió menos desagradables a Jean Luc Mélenchon y a Marine Le Pen, quienes junto a la apariencia nefasta de Zemmour, se convirtieron en propuestas “respetables”.

Le Pen supo leer bien la contienda, se desmarcó de los dogmas retrógradas de la derecha extrema y se mostró más moderada, se movió al centro con anticipación, le costó votos al inicio de la extrema radical, ganó votos de la derecha moderada y al final, cuando Zemmour se convirtió en un candidato inviable, recuperó votos. Durante las elecciones del 10 de abril, Le Pen mostró su mejor momento y el más cercano a ganar una elección, aunque ya no para una derecha radical. Le Pen hizo a un lado su radicalismo y se enfocó en temas de centro, en la economía e incluso se acercó a la población de origen musulmán. Señaló a Zemmour que su postura era humanista y optó por ocultar la xenofobia de años pasados.

Esta fue la última oportunidad de Le Pen. La primera vuelta y posiblemente el mejor resultado de su historia política. La segunda vuelta probablemente no le favorezca tanto, y tal vez sea la última elección de su vida, y ña de su rival Macron, también. El reposicionamiento de Le Pen le costará ésta vez votos para la segunda vuelta, para los radicales, Le Pen se ha vendido al establishment, se ha movido al centro y ha perdido sus principios de extrema derecha. Mélenchon, el radical de izquierda, que que las elecciones pasadas se puso del lado de Le Pen para enfrentar al establishment, ahora ha hecho un llamado público a no respaldar a Le Pen, seguramente más identificado ésta vez con Zemmour en su desprecio por la democracia, la moderación y el consenso.

La cantidad de votos reunidos por Le Pen posiblemente encenderán las alarmas de muchos en Europa y el mundo, la realidad es que los votos a favor de Le Pen, son señales a favor del movimiento de Le Pen hacia el centro. Le Pen es al día de hoy la segunda figura política más popular en Francia y eso es debido a su pragmatismo al moverse hacía el centro, a su inteligencia al abordar temas de centro importantes para el grueso de la población y al abandono de temas marginales como los migrantes, la permanencia en la Unión Europea y la diversidad sexual, que polarizan pero no son atractivos para gran parte del electorado. El aumento de votos a favor de Le Pen envía una clara señal a la extrema derecha europea sobre los temas que el electorado realmente demanda que sean abordados. Le Pen ha cambiado su rumbo para enfrentar problemas reales y ha visto el 10 de abril sus mejores resultados. Veremos si la extrema derecha lo entiende y deja de perseguir fantasmas.

Casi 60% de los votos han sido para el centro, para Macron y para el movimiento de Le Pen hacía el centro, el votante francés ha señalado que aprecia la moderación en las postura de Le Pen, que desprecia las posturas radicales de Zemmour, que incluso hacen ver menos peligroso a Mélenchon, los grandes perdedores de ésta contienda son la derecha tradicional y la extrema derecha. Si pudiéramos hablar de un gran ganador en ésta contienda, es el centro y quién ganará la segunda vuelta, será una vez más, el centro. La izquierda radical aunque se recupera, no es una propuesta que pudiera ser viable para ganar una elección. La extrema derecha en Europa responde de formas diferentes al reto, Orbán mostrando una aparente neutralidad, y una manipulación en base a usar el miedo y las redes clientelares para conservar su súper mayoría y Le Pen moviéndose al centro para mostrar su mejor desempeño de toda su carrera, junto a varios gatitos.