Por: Rolando J. Vivas

Este domingo pasado el país vivió una extraña jornada que algunos calificarán como histórica, aunque probablemente sea un trago amargo que el oficialismo preferirá olvidar en el corto plazo. El proceso de votación denominado como “revocación” de mandato, que tan intensamente promoviera el oficialismo se llevó a cabo y los resultados de éste ejercicio de narcisismo político, seguramente no fueron ni por poco, lo que muchos afines al presidente esperaban. Hay que recordar que el actual presidente tuvo un triunfo, eso si, histórico, en el 2018, con más de la mitad de los votos totales a su favor. 30 millones de mexicanos votaron en contra de los partidos tradicionales y decidieron dar el voto a Morena, partido de apenas unos pocos años de creación. Despúes, pasaría algo inesperado dentro de las cámaras, a los curules o asientos conquistados por el partido, se sumaría el de otros representates de partidos, que aprovechando espacios en la ley de representación, sumaron su apoyo a la coalición oficialista, el resultado fue una sobre representación y un dominio aplastante en ambas cámaras, cómo no habíamos visto en años posteriores al 2000.

Morena, ahora convertido en el partido oficial, buscó de manera afanosa presentar el proyecto de “revocación” para el 2021, de forma que éste fuera a la par de las elecciones intermedias, buscando un efecto compuesto que favoreciera aún más la presencia y popularidad del presidente, con el fin de incluso redoblar su poderío a mitad del sexenio. Las cosas no salieron tan bien, el ejercicio de “revocación” se desvinculó de las elecciones medias y se agendó para el 2022. los resultados el presidente en materias de seguridad, economía y salud fueron reprobables y la caída de una parte de la línea 12 de metro, por temas de mala construcción y poco mantenimiento, se encargaron de hundir los resultados del oficialismo en el 2021, de los 30 millones de votantes a favor de éste en el 2018, sólo se reflejaron 21 millones a favor del partido oficial, el proceso de debacle en el gobierno de Morena empezaba a volverse notorio, a causar alarma y a mostrar que parte de los votos no habían sido a favor de Morena, sino encontra de los partidos tradicionales, 9 millones de votantes habían cambiado de parecer respecto a Morena.

La “revocación” de mandato era una de las “herramientas” o “palancas” que usaría el oficialismo como puente para alcanzar un apoyo sólido a mitad del sexenio, para llevar a cabo éste ejercicio, se requerían miles y miles de firmas recolectadas a favor del ejercicio. Firmas que de inicio parecían no aparecer, y despúes de una instrucción y llamada de atención del presidente empezaron a aparecer por millares. Curiosamente, sería la “organización” denominada “Que siga la democracia”, liderada por una diputada de Morena, la que se encargaría de aportar más del 80% de las firmas requeridas, con el 25% de éstas impugnadas por desviaciones que señalaban la ilegitimidad de las firmas. Por demás sospechoso que el mismo oficialismo impulsara de forma tan insistente un proceso revocatorio contra su mismo líder. Una intención a todas vista, maliciosa.

El actual presidente se encargó de construir una sólida red clientelar desde su época como presidente del partido PRD en la ciudad de México. 15 millones de votos asegurados o “blindados” gracias a apoyos sociales a ciertos sectores de la población, principalmente por parte de varones mayores de 50 años que de algun forma se beneficiaban de algún apoyo económico por parte de los gobernantes pertenecientes al PRD y que acompañaron fielmente al hoy presidente en dos campañas presidenciales previas (mismo número de votos en las elecciones del 2006 y 2012). Despúes, cuando el actual presidente decidió dejar al PRD y formar su propio partido, Morena, ésta red clientelar le acompañó, y sirvió para consolidar rapidamente al nuevo partido, 15 millones de personas dispuestas a votar por el nuevo partido del hoy presidente.

De un padrón electoral de aproximadamente 90 millones de mexicanos, el domingo se estima votó solamente el 17%, de ese 17% el 90% votó en contra de la “revocación” del presidente. Un cálculo rápido nos dirá que aproximadamente 14 millones de mexicanos votaron una vez más pro el presidente. Un millón menos de su red clientelar de voto duro que formó desde hace unos 15 años. 16 millones menos de los votos obtenidos en el 2018. 16 millones de mexicanos que le dieron la espalda al oficialismo. Como era de esperarse, el presidente señaló hoy su triunfo, 14 millones de votos a su favor, menos del 40% requerido para que la votación fuera vinculante, 7 millones de votos menos que el 2021, 16 millones menos que en el 2018. De su parte, también un reclamo contra el INE, que al no ser dotado por el gobierno del presupuesto requerido, no instaló el total de casillas señaladas por ley. Un reclamo que podría ser valido si se hubiera visto por lo menos un 33% de participación, cuando en realidad sólo vimos un 17%, si agregamos a éste hecho, que el presidente fue el único “candidato” en la boleta, no cabe duda que su popularidad en la urnas va a pique considerablemente.

El plan original del presidente era obtener un impulso adicional sumando las votaciones intermedias y el ejercicio de “revocación”, una estrategia ventajosa que afortunadamente no se levó a cabo. Hoy, el ejercicio – censo oficialista, arroja los peores números del presidente, en más de 15 años. Esto a pesar de la ilegalidad de varios eventos que se organizaron con el fin de alentar el voto de la población a favor del presidente, esto a pesar de la ilegalidad de la participación de funcionarios públicos para pedir el voto por el presidente, esto a pesar de la ilegalidad de “acarrear” votantes al evento, esto a pesar de la ilegalidad de condicionar los apoyos de programas sociales al apoyo el día de la “revocación”, no sorprende saber que el 50% de los votantes a favor del presidente, fueran varones mayores de 50 años. Muchos dentro del partido oficialista recibirán el día de hoy una fuerte llamada de atención, el presidente debe estar bastante preocupado ya que como diría el escritor Moises Naim en uno de sus libros “hoy en día el poder llega rápido, lo realmente difícil, es conservarlo.”

Pocos esperaban, sobre todo el presidente, que su poder, que había llegado de forma rápida con su nuevo partido de apenas unos años de vida, se fuera en picada de forma tan drástica en apenas 4 años, votantes perdidos, fuerza en las cámaras y la pérdida de apoyo por parte de los EEUU. Adicional a éste, una pésima gestión económica antes, durante y posterior a la pandemia que ha restado el voto inteligente de la bolsa del presidente. Esto a pesar de no contar realmente con una oposición firme en su contra. Muchos pensarían que sin oposición articulada, el camino del presidente estaría libre para modificar la constitución a su gusto, incluso, para considerar la opción de reelegirse en el 2024, la realidad es que la falta de capacidad para gobernar y de dar resultados, han sido los peores enemigos del presidente, y la debacle se antoja dificil de detener sin resultados y a menos de años de que termine el sexenio.