Por: Rolando J. Vivas

El 24 de Febrero del 2022, Vladimir Putin, presidente de Rusia, tomó la decisión poco afortunada de enviar sus tropas al Oeste e inicar la invasión de Ucrania. Un evento que de alguna forma alteró fuertemente, y lo sigue haciendo, el orden mundial, y que, tras aproximadamente 120 días, es imposible calificarlo de cualquier otra forma, que no sea como una mala decisión y un fracaso. Quedaron expuestas las deficiencias militares de Rusia y la falta de capacidad estratégica de Putin y de su gente. Imposible negar la poderosa influencia que Putin ha ejercido en el mundo. Putin es hoy por hoy, el mayor “influencer” en el mundo, un hombre que ha sabido usar la influencia para impulsar su visión particular, una visión que sin duda está apuntando a un futuro improbable, pero que denota la brutal capacidad de planear y de ver al futuro que Vladimir Putin tiene, pero, que el tropiezo en Ucrania, no deja de hacernos pensar, que fue una acción desesperada, con una planeación atroz.

Lo de Ucrania es una clara señal de una pésima planeación y una desastrosa ejecución. Infiero derivada del miedo que tienen los colaboradores de Putin de hablar con la verdad. De decirle que está equivocado, de decirle que Rusia no es un potencia militar, de decirle que gran parte del presupuesto militar ha sido desviado a los bolsillos de los cleptócratas, que salvo un par de regiones, los rusos no son bienvenidos en Ucrania, que el ejército ruso está “oxidado” en temas de guerra, y que en temas de propaganda, Ucrania tiene lo suyo. Pero eso en nigún momento demerita la colosal visión futurista que tiene Putin, y el magistral uso que ha hecho de la influencia para impulsar sus planes. Putin es mil veces mejor trabajando en las sombras, que expuesto a la luz de día. Por décadas mostró su genio en las sombras, pero la luz del día lo dejó muy mal parado en Ucrania. Podemos decir que es algo inherente a Rusia desde la época de la Unión Soviética. La guerra asimétrica es lo de ellos, la lucha del tú a tú, los deja históricamente siempre mal. Quizá por ello, China ha aplicado éste principio casi, cómo una política inviolable. Nunca atacar de frente, siempre buscar el ataque lateral.

La desinformación es una tradición casi exclusiva de los rusos. Desde la época de la Unión Sovietica, el uso de la propaganda para desinformar, para difamar, para dividir, para causar daños en el enemigo, es toda una tradición que se conserva. Si bien antes no era tan efectiva, ya que el llamado Ministerio de Desinformación soviético, tenía que filtrar notas falsas a través de los pocos medios consolidados en Occidente, ésta información era verificada y se requería verdadero ingenio para que éstas notas salieran a la luz y llegaran a la población occidental en general. Aún así, la maquinaria propagandística es algo intrínseco a Rusia, y Putin, un ex agente de la KGB lo sabe mejor que nadie. La intención simpre fue aprovechar la libertad de prensa en los EEUU para introducir desinformación. Los tiempos modernos sin duda fueron favorables al aparato de propaganda ruso. El internet, la libertad de expresión, los medios independientes, la libre prensa y las redes sociales, se convirtieron en blanco de la propaganda rusa, y la influencia de Putin despegó sin obstáculos. A medida que más medios informativos surgieron, además de las redes sociales, la desinformación encontró menos filtros y comenzó a llegar de forma masiva y veloz al público occidental.

Putin entendió que herramientas como el populismo, la posverdad y la polarización, serían armas perfectas para llevar a cabo de forma contundente su plan y su visión. Dividir y vencer. Aplicar de forma inversa la fórmula que en su mente, Occidente aplicó alguna vez a la Unión Soviética para debilitarla. Putin apuntó sus baterías propagándisticas y de influencia a Occidente gracias a internet, al naciente populismo de personajes como Silvio Berlusconi en Italia, y al nacionalismo que se gestaba luego de los eventos que fueron dando forma a la Unión Europea y la migración hacia ésta zona. Putin supo ver todas las variables en la ecuación, y supo como atacar de forma lateral aprovechando cada una de las oportunidades que se le presentaban, eso si, con un plan muy, muy ambicioso en mente, así, uno de los primeros objetivos fue el llamado Brexit. Putin supo usar la influencia rusa en el Reino Unido, el auge de la xenofobia más antigua y del populismo como consecuencia. Un referendo, el miedo a los migrantes y las redes sociales fueron los elementos que Putin usó para comenzar a impulsar su plan de desintegrar a la Unión Europea, empezando por uno de sus motores, el Reino Unido.

Más tarde serían las elecciones en los EEUU y el triunfo de Donald Trump. Difiero de los que piensan que Trump era un títere de Putin. Vladimir Putin sólo estudió el escenario político y concluyó que Trump era el candidato más inestable, el menos experimentado, el peor candidato posible, y apostó por él. ¿Qué mejor que el capitán del barco rival, sea el peor capitán disponible? Trump no sólo desestabilizó a los EEUU, los polarizó, los irritó, y trajo a la superficie los extremismos. Trump dividió al mundo y comenzó un proceso de desglobalización. El orden mundial una vez más se transformó y se generó un distanciamiento con China derivado de temas comerciales y la posterior pandemia. Más a favor de Putin, de su influencia y desinformación. Más elementos para dividir a Occidente, más elementos para el populismo, la posverdad y la polarización. Para un país enorme como Rusia, fragmentar a la Unión Europea y a Norteamérica, era parte indispensable del plan para devolverle el estatus de potencia que alguna vez tuvo Rusia gracias a la Unión Soviética.

La asimetría y lateralidad de su ataque, permitió a Putin abrir muchos frentes. Por un lado, el financiamiento a partidos políticos de los llamados “euroescépticos”, por otro, el financiamiento a movimientos separatistas, todos éstos bajo la bandera del virus del “nacionalismo”. Otro frente sería el del “negacionismo”, otro elemento favorito de Putin, en el que se utilizaba la propaganda para ir en contra de temas como las energías verdes, la energía nuclear y el cambio climático. Con una vasta reserva de petróleo y carbón, casi como la única fortaleza industrial y comercial del pais, era obvio que a Putin no le convenía que Europa abrazara las energías verdes y la energía nuclear. Era imperativo poner en la mente de la gente que el cambio climático era una mentira, una invención que debía ser ignorada. Putin quería, y quiere a una Unión Europea dependiente del petróleo y del gas ruso. Y más importante aún, Putin quiere que el mundo se siga calentando. Bastante maquiavélico, una idea casi de supervillano de cómic.

Claro, Putin impulsa a esos grupos ecologistas que están en contra de la energía nuclear, esos que se encadenan y protestan para que no se abran más reactores nucleares, no por nada uno de los objetivos del ejercito ruso era llegar a Chernóbil y recordarle al mundo los “horrores” de la energía nuclear, esto para disuadir los hechos científicos que apuntan a la energía nuclear, como una energía más limpia y más segura que el carbón y el petróleo. Así, incluso varios partidos verdes en América y Europa, obtuvieron financiamiento del Kremlin (Jill Stein, ex candidata presidencial por el Partido Verde de los EEUU, alguna vez fue vista en un evento junto a Vladimir Putin). ¿A Putin le conviene un mundo más caliente? Por supuesto que si. Sabemos que el calentamiento global está derritiendo los polos, en particular el Artico es una zona que entre menos hielo tenga, mas enorme su potencial como ruta comercial, un Mar del Sur de China, un Canal de Panamá, un Canal del Suez en potencia, casi en poder de Rusia. Putin podría controlar el Artico, como ruta comercial, si éste se descongela, a nadie le conviene más que a Rusia que el mundo se siga calentando, así podrían seguir desarrollando zonas inhóspitas e inhabitables para convertirse en una potencia agrícola como los EEUU, controlar el mercado de los granos y por lo tanto, influir fuertemente en la alimentación mundial. Por eso es importante sumar a Ucrania, el llamado “granero de Europa”. En la novela de ficción Hello America del gran escritor JG Ballard, éste narra una fantasía en que Rusia controla incluso el clima en el mundo, gracias a la construcción de diques en el Artico y el control de las corrientes de agua fría a los océanos.

Rusia podría controlar el abasto de energéticos en Europa, si el petróleo y el gas siguen siendo los materiales predominantes. Rusia podría controlar las rutas comerciales en el Artico, si éste se comienza a descongelar y países como Finlandia y Suecia no tienen el respaldo de la OTAN. Rusia podría convertirse en potencia alimentaria, si se apodera de Ucrania y el clima en regiones enormes como Siberia sube unos cuantos grados. ¿Qué es lo que le faltaría a Rusia para convertirse en una auténtica potencia? Gente, un boom demográfico estilo China. Por eso Putin está en contra de la diversidad sexual, y supuestamente tan a favor de la “familia tradicional”. Putin quiere poner a los rusos a tener hijos de forma tal que haya una fuerte explosión demográfica. Las familias homosexuales no suman al proyecto visionario de Putin. Y esto sólo suma a una variable más que Putin quiere o pretende controlar. Los supuestos “valores cristianos”. Otro elemento, clave, para el futuro que Putin quiere para Rusia y para el mundo.

Aproximadamente un 75% de la población rusa es cristiana, un 25% de la población profesa otra religión. El procentaje de población rusa creyente en el Islam, es aproximadamente del 17%, mucho mayor al procentaje de población musulmana en el país de la Unión Europea con mayor número de musulmanes, Bulgaria, con un 11%. Aún así, Putin ha pretendido promocionarse, en complicidad con la Iglesia Rusa Ortodoxa, como el abanderado defensor de los “valores cristianos” en Europa. Esta postura muy a conveniencia, le ha valido a Putin la simpatía de gran parte de los sectores conservadores en Occidente (en especial a personajes como Pat Buchanan), en el Partido Republicano de los EEUU (y de la ultraderecha). El ex agente de la KGB aprendió bien la lección del comunismo. “La religión es el opio de las masas”, por eso Putin la usa, sabe que el lazo religioso del cristianismo es tan poderoso que resistió el embate del comunismo. Por eso ahora usa al cristianismo como carnada para atraer seguidores. Ese uso a conveniencia del cristianismo le ha valido poder infiltrarse en la Unión Europea, sembrando la discordia al interior con el apoyo tácito de países como Hungría y la conveniencia de la conservadora Polonia (aunque la invasión a Ucrania prendió las alarmas recientemente en Polonia).

Por ello Putin ha emprendido una “guerra” contra la diversidad sexual en Rusia. Esto le sirve para matar “dos pajaros de un solo tiro”. Por un lado, contiene a la comunidad homosexual en Rusia, por otro, atrae a la ultraderecha, que parece hacer como Putin y aplicar las lecciones del comunismo, adoptando en su estrategia de avance global, las ideas de Lenin y de Gramsci, en una supuesta “batalla cultural” contra el “marxismo cultural” y contra el comunismo. Más “fantasmas” del pasado que Putin usa para infundir miedo, uno de los elementos primordiales de la influencia. A largo plazo, si su salud se lo permite, el plan de Putin es que Rusia devore a la fragmentada Unión Europea, país por país, usando los supuestos “valores cristianos” y la amenza de la “decadencia occidental” como armas para lograrlo. Putin ve a un mundo, al día de hoy, partido en dos bandos con dos protagonistas, EEUU y China. Putin quiere dividir el mundo en tres polos, y que Rusia sea uno de ellos, por un lado el liberalismo occidental de los EEUU, por otro el autoritarismo oriental de China y en otro extremo, el antiliberalismo cristiano (casi una especie de teocracia) de Rusia (y crear algo similar al Sacro Imperio Ruso de la novela World War Z escrita por Max Brooks). Esa es la gran visión a futuro del influencer más grande del mundo. Una visión ambiciosa y que podría parecer a muchos una locura, pero que en la mente de Putin y en la práctica, poco a poco va avanzando hacia ese destino. Quizá la salud no le permita a Putin ver mas avanzada su visión, pero es casi seguro que quien se convierta en su sucesor designado, tendrá firme ésta visión y redoblará su esfuerzo para lograr éste nuevo orden mundial.