Por: Rolando J. Vivas

Al avance de la influencia de la Unión Soviética en el mundo durante la época de la llamada Guerra Fría, sólía conocérsele como la ola roja. A medida que el comunismo iba avanzando en el planeta, éste parecía dividirse en dos bandos, los aliados de los EEUU y el capitalismo por un lado, y los aliados de la Unión Soviética, El mapa poco a poco se iba pintando de color azul unos páises y de rojo otros. Unos pocos países solían auto denominarse como “no alineados”, es decir, no se consideraban parte de un bando o de otro, aunque la realidad es que jugaban a conveniencia con que bando seinclinaban un poco más o un poco menos. El derrumbe de la Unión Soviética a finales de los 80s, inicios de los 90s, implicó una fuerte sacudida a éste tablero de dominio global y al orden mundial establecido hasta entonces.

Los países que ostentaban la influencia soviética y que dependían de su financiamiento económico, sufrieron un duro golpe en sus finanzas. Pero no sólo países dependían de la “egenerosidad económica” del Kremlin, también partidos y foros políticos, movimientos sociales, organizaciones sindicales, incluso grupos armados “revolucionarios” y grupos criminales, todos ellos llevaban a cabo una “guerra asimétrica” para poner a ciertos países ,ás cerca de la influencia soviética. En México, particularmente, el financiamiento soviético se destinaba a partidos de la llamada izquierda política, a movimientos sociales, a organizaciones sindicales y a grupos armados. Todo ello se vino abajo luego del colapso de la URSS, el reacomodo que vendría despúes, es parte de lo que hoy en día estamos viviendo.

Países en Latinoamérica como Cuba, sufrieron un fuerte revés económico, luego de perder el financiamiento soviético. Cuba tuvo que reducir su belicosidad, puesta en evidencia en los 60s, durante la llamada “crisis de los misiles”. La vía armada fue perdiendo fuerza a medida que el comunismo se venía abajo, nuevas opciones políticas surgían, e ideas de como intergarse en el “nuevo orden mundial” se ponían sobre la mesa. La nueva “guerra asimétrica”, implicaba ya no más acciones armadas, sino acciones de influencia ideológica y política, al tiempo que el concepto comunista mutaba hacia el “más sútil” socialismo. Los partidos políticos dejaban a un lado el extremismo de izquierda, para buscar nuevas vías y herramientas de “conquista política”. El concepto de lucha de clases, se transformaba en algo más, en la localización de causas sociales que pudieran ser las nuevas banderas del socialismo o de la socialdemocracia, así la izquierda se veía obligada a moverse un poco más hacia el centro, para sobrevivir.

Auspiciados ideológicamente por Cuba, surgen conceptos como el Foro de Sao Paulo, con el fin de reagrupar a partidos y grupos de izquierda en Latinoamérica, para fijar un nuevo rumbo y una nueva estrategia. Lo primero era asegurar la supervivencia del núcleo político de la izquierda, Cuba, lo segundo, era encontrar nuevos medios de influencia y asegurar el flujo de capital para sostener toda la estragia. Así, Cuba se establecía como centro ideológico de la nueva izquierda Latinoamericana y Brasil se convertía en el músculo de ésta, gracias a la conjugación de varios movimientos masivos de izquierda, como el de las organizaciones sindicales, pensadores marxistas y personajes religiosos ligados a la llamada “Teología de la liberación” cuyo origen se remontaba a los 70s y 80s. Todo esto daría nacimiento al Partido de los Trabajadores, el partido político de izquierda más grande de toda Latinoamérica, fundado en la ciudad de Sao Paulo.

El siguiente paso sería asegurar el flujo de capital para mantener en crecimiento el movimiento. Para esto, se requería petróleo, la misma fuente de riqueza que había mantenido a flote a la Unión Soviética tanto tiempo. En Latinoamérica, no había otra opción, la izquierda tenía que tomar el poder en Venezuela, el país con las reservas de petróleo probadas más grandes de la región, así se garantizaría la larga vida del movimiento. Así, se ponía en marcha la creación de figuras locales bien definidas en cada uno de los países, de acuerdo a sus peculiares características, casi como una galería de figuras de museo o figuras de una lotería política de izquierda”. Por un lado, estaba el “gran revolucionario” Fidel Castro, a él se integraba el “líder sindical” Lula Da Silva en Brasil. La siguiente pieza sería “El Militar Golpista” en la figura de Hugo Chávez, quién luego de usar a un sector del ejército para efectuar un fallido golpe de estado, organizaría un partido de oposición que posteriormente lograría hacerse del poder en el país. En un inicio, Castro tenía buenas relaciones con el gobierno venezolano anterior a Chávez, pero despúes de que la URSS se desplomara, rápidamente cambió de ideas y se acercó a Chávez.

Otros pintorescos personajes irían surgiendo bajo el auspicio del eje Cuba-Brasil-Venezuela. Daniel Ortega, el “dictador militar de la guerra fría” en Nicaragua, Fernando Lugo, “el teólogo de la liberación” en Paraguay, José Mújica “el ex guerrillero encarcelado” en Uruguay, Evo Morales, “el líder indigenista” en Bolivia, Rafael Correa, “el economista” en Ecuador, Néstor y Cristina Kirchner, “la pareja Peronista” en Argentina, Michele Bachelet, “la líder estudiantil exiliada” en Chile. Todos éstos peculiares peresonajes fueron transformando el panorama político de la región, aprovechando el sentimiento antiestadounidense y antimperialista de la región, lo cual se entiende, derivado de décadas de dictaduras militares en países como Brasil, Argentin y Chile, financiados por los EEUU. Así, ésta nueva versión del socialismo, que se inspiraba en el llamado “Socialismo del Siglo XXI, iría pintando el tablero geopolítico, ya no de color rojo, sino de color rosa, y la marea se encargaría de cubrir toda Latinoamérica, casi por una década, gracias a las buenas relaciones con países como China, en pleno auge de crecimiento económico, y con quién líderes como Fidel Castro y Lula Da Silva mantenían excelentes relaciones gracias a sus oríegenes y pasado marxista.

Sería por demás complicado haber podido colocar a todos éstos en algún momento participantes de la llamada marea rosa incial, bajo una sola bandera de “comunismo”, “socialismo”, “socialdemocracia” o “centro izquierda”, como algunos simplistas lo quisieran ver. Hubo y siguen habiendo dictaduras estatistas como en Cuba, Nicaragua y Venezuela. Hubo socialdemocracia en países como Uruguay y Chile, hubo socialismo nacionalista como en Brasil, Ecuador y Bolivia, y claro, Peronismo, como siempre reinventado en Argentina. Cómo suele suceder en éstos movimientos cícilicos, hay auges y decadencia. Hay falta de ideas, exceso de ocurrencias y desgastes, lo cual termina llevando a éstos ciclos a su cierre.

En Brasil, Lula Da Silva consiguió en dos períodos, llevar al país a una posición envidiable, muchos millones de brasileños dejaron la probreza para hacer crecer la clase media, desafortunadamente el socialismo carece de esa empatía para fortalecer a la clase media, y eso terminó generando molestia en esa clase media que se extendió. En Venezuela, la política de financiamiento a Cuba (y a todo el movimiento) mediante petróleo, agotó la capacidad productiva del país, ésto, sumado a que China estabilizó su crecimiento y dejó las tasas aceleradas de éste, golpeó duramente a países como Brasil, Argentina y Bolvia, que dependían fuertemente de venderle materias primas a China. La última esperanza de la marea, era poder hacerse del poder en la otra gran potencia de la región, además de Brasil y Argentina. Estamos hablando de México, en dónde Andrés López “el ex Priísta” no pudo hacerse del poder en el año 2006, y esto sin duda, dejó a la marea rosa en una posición muy débil, por lo que su ciclo comenzó a menguar en cada una de las democracias sobrevivientes de la región, el triunfo del ultra derechista Jair Boslonar en Brasil y del Mauricio Macri de centro derecha en Argentina, sería el cierre de ciclo para la primer marea roja en la región.

Hoy en día, pareciera que la marea rosa vive su segundo ciclo de auge, iniciado en el año 2018, con el triunfo de Andrés López en su tercer intento. Despúes vimos el triunfo de Alberto Fernández en Argentina, el regreso del partido de Evo Morales en Bolivia, el triunfo de Gabriel Boric en Chile y finalmente el triunfo de Gustavo Petro en Colombia hace apenas unos días. Sin duda el triunfo de Joe Biden en los EEUU hace un par de años, creó un ambiente propicio para el auge de la izquierda en la región. Aún así, ésta segunda marea rosa se ve aún más desteñida que la original. El llamado “Grupo Puebla”, carece en definitiva de la fuerza y arrastre del Foro de Sao Paulo y las nuevas “figuras” de izquierda son bastante más ambiguas que las originales. Sería dificil catalogar a personajes como Andrés López, Alberto Fernández, Gabriel Boric o Gustavo Petro como de izquierda radical o extrema.

A pesar de su presencia dominante en toda la región, la nueva marea rosa hoy en día, carece en definitiva de la fuerza que anteriormente tuvo. Hay un nuevo orden mundial reconfigurado a partir de la pandemia del Covid y del conflicto armado en Ucrania. Hay una moderada desglobalización y las cadenas de suministro cambian en el mundo. Sería dificil hablar de una izquierda gobernado países como México y como Argentina, sobre todo cuando sabemos que Andrés López es populista con ideas no muy alejadas del viejo PRIísmo de los 70s, y que Alberto Fernández sólo liderea la última enarnación del oportunista Peronismo. Gabril Boric, presidente de Chile, ya ha condenando en varias ocasiones las dictaduras de estado en Cuba, Nicaragua y Venezuela, y parece más cercano a la socialdemocracia de Michele Bachelet o de Tabaré Vázquez. Pedro Castillo, presidente de Perú, inició con muchas inclinaciones al socialismo, pero se ha decantado recientemente hacia el conservadurismo, incluoso se le ha visto muy cercano a Jair Bolsonaro. La gran incógnita al día de hoy, es qué dirección tomará Gustavo Petro en Colombia, el primer presidente de izquierda en éste conservador pais. Todo parece indicar que sin ejes ideológicos como Cuba y que sin respaldo financiero como el de la hoy emproblemada Venezuela, la nueva marea rosa tendrá que ser muy pragmática y jugar con los polos representados por los EEUU y China, en medio de una desglobalización que hará más complejas éstas alianzas.

La nueva marea roja al día de hoy, es más enigmática que nunca, no puede dar la espalda por completo y oponerse a los EEUU y le tocará competir con China durante el proceso de desglobalización. Esto implicará más pragmatsimo en la región, y estar preparados para las siguientes elecciones en los EEUU, que pudieran traer de vuelta a la derecha al vecino país del norte. El principal beneficiado de la desglobalización global podría ser México, si el presidnete realmente ofrece facilidades y un marco legal a las miles de empresas que buscarán reposicionarse geográficamente más cerca de los EEUU, aunque para esto tendrá que dejar de lado sus ideas nacionalistas y anticapitalistas. De igual forma, el auge de autos eléctricos podrá ser herramienta para fortalecer los lazos comerciales entre Chile y los EEUU. Por lo pronto, el siguiente evento que podría dar una sacudida más al tablero, serán las elecciones presidenciales en Brasil, con el regreso de Lula Da Silva, y el intento de Jair Bolsonaro por reelegirse. Cómo ha sucedido en otros países, el momentáneo auge de la ultra derecha más rancia y gotesca, sólo ha hecho que personajes de la izquierda, como Gabriel Boric o Gustavo Petro, se vean menos nefastos de lo que son. Es posible que esto ayude a Da Silva a derrotar a Bolsonaro en octubre, lo cuál cada vez se ve más factible. Pero, si éste nuevo auge carece de ideas y proyectos realmente trascendentales, es posible que más ocurrencias solamente nos mantengan como región, atrapados en una incesante sucesión de ciclos sin avances.