Por: Rolando J. Vivas

Las cosas no pintan bien en el reino de la derecha fanática en los EEUU. Si, la compra de Twitter por parte de Elon Musk, pudo haber sido vista por algunos sectores de derecha como el “regreso de la libertad” en un Twitter supuestamente cooptado por el discurso de la izquierda. Twitter se ha visto desbordado en recientes semanas por el discurso de odio. La reactivación de la cuenta de Donald Trump (que, para desmayo de Elon Musk, Trump decidió no regresar), de Jordan Peterson y de Kanye West. Musk podrá haberse declarado “absolutista de la libertad de expresión”, pero cuando fue incluido en los disparates en línea de Kanye West, Twitter (o Musk) decidió desactivar la cuenta de West. Musk al igual que Trump y West, busca llamar la atencion de forma desesperada. Poco a poco va convirtiendo a Twitter en un lugar sensacionalista y escandaloso dominado por las teorías de conspiración y las fake news. West es uno de los grandes genios musicales de tiempos recientes, pero su persona ha rebasado su obra musical. Sus disparatadas e irresponsables creencias han ido, para muchos, muy lejos. Resulta brutal ver la cara de un ser deplorable como Alex Jones, uno de los más infames conspiranoicos del mundo, cuando West declaró en su programa, Info Wars, que le agradaba Hitler. Quien quiera otorgar a West un peso filosófico, está tan perdido como el mismo West. Lo de West se trata de llamar la atención a cómo de lugar. Mejor mala publicidad que ninguna. Claro, West está en los cuernos de la luna y muchos hablan de él. Pero West tendría que pensar, qué es lo que están hablando de él. Nada bueno. West querrá “ser presidente” cada vez que dejen de hablar de él. Aunque su “cierre de campaña” en días recientes, ha sido horrendo.

¿Ya no será compañero de fórmula de West, Donald Trump? West quería ser presidente y que Donald Trump fuera su vicepresidente. Desconozco que puesto tendría pensado West para Nick Fuentes (y para el nefasto Milo Yiannopoulos, el apologista del abuso a menores. Fuentes y Yiannopoulos son parte del “staff” de campaña de West), el chico de 24 años, generación Z, que se ha convertido en el rostro de lo peor de la derecha en los EEUU. Nick Fuentes, el supremacista blanco promotor del “América Primero” (obviamente adorador de Donald Trump), el amigo cercano del neonazi Richard Spencer, el que dijo que fue “fabuloso” el asalto a la Casa Blanca el 6 de enero, el negacionista del Holocausto, el anti demócrata, el “cristiano conservador” que detesta a los judíos por “asesinar a Jesús”, el que festejó que Rusia invadiera Ucrania, ese que dice que le encantaría un gobierno como el de los talibanes en los EEUU, el “incel” (célibes involuntarios) brutal que se siente más “heterosexual” que todos porque odia a las mujeres(y que piensa que ellas no deberían de tener derecho a votar). Si me preguntan, Fuentes no es otra cosa que una pésima copia de Yiannopoulos, y eso ya es mucho decir. Es el tipo de personajes que despiertan la imaginación de los radicales que se han apoderado del Partido Republicano y que parecen decididos a destruirlo. Es el tipo de personajes que representan tal cual a esa ultraderecha que la derecha política trata de ocultar, pero que a la vez admira profundamente. Si por Fuentes fuera, los EEUU sería un país muy similar a el Afganistán tomado por los talibanes, en dónde los homosexuales (no los de closet cómo él) serían asesinados, dónde “candidatos elegidos por Dios” gobernarían el país, dónde migrantes serían masacrados, dónde la única religión permitida sería la suya y dónde las mujeres serían humanos de segunda clase sin ningún derecho. Eso es verdaderamente demoniaco.

Donald Trump, el ex presidente de los EEUU, no debe ser uno de los tipos más felices en estos días. Es considerado el gran perdedor durante las elecciones de medio termino hace unas semanas. El gobernador de Florida Ron DeSantis se ha alzado como la “gran esperanza” republicana y ha hecho que una gran mayoría deje de ver a Trump como opción. Por si fuera poco, la investigación sobre impuestos sigue avanzando en su contra. Seguramente Trump debió sentirse como el más grande de los idiotas luego de su reciente encuentro amistoso con Kanye West y con Nick Fuentes. Claro que Trump sabía quienes eran, claro que Trump sabía a quién se iba a encontrar, pero no esperaba la tremenda publicidad que atraería West en estos días y que pondría a la naturaleza de Fuentes en los reflectores. No es una novedad que Trump tuviera encuentros cercanos con personajes de la derecha más fanática en los EEUU. Pero esta vez, West, convertido en imán de la controversia, hizo que las cosas se volvieran de proporciones colosales. Trump se sigue hundiendo, Fuentes es un imán para el desastre, como lo fue Yiannopoulos, y West está enfermo, dispuesto s cualquier cosa por tener toda la atención posible. A cualquier cosa, hasta de ponerse en las situaciones más miserables y arrastrar a todos lo seres que tenga cerca, incluido a Elon Musk que debió sentir que se venía un problema mayúsculo, no sólo para Twitter, sino para sus empresas y para sus accionistas.

Debe ser muy difícil ser de derecha y tener que lidiar con la paradoja. Entre más radical se es, menos flexible se es. Imagino que debe ser difícil primero enarbolar a Kanye West como el gran héroe conservador por condenar el aborto, después ir en contra de empresas como Balenciaga por sus atrevidas campañas de publicidad (siendo que West era de sus representantes), después, alabar nuevamente a West por “salir de Balenciaga” (siendo que fue echado por sus comentarios anti semitas), y ahora ver que West se ha vuelto más visceral en sus comentarios. La derecha debe estar en graves problemas, y esto no se detiene. West quiere más atención, y para ello se ha reunido con Fuentes y con el peor de los conspiranoicos en los EEUU. Alex Jones. Si, el mismo que perdió la demanda millonaria por difamación, contra los padres de las víctimas de los tiroteos en la escuela Sandy Hook. Jones es una figura tan nefasta como West y como Fuentes. Un personaje que vive de inventar y promover mentiras. Un personaje al que no le interesa el sufrimiento de los demás y se atreve a señalar que los muertos en los tiroteos y los familiares son actores pagados. Eso es realmente demoniaco.

Jones, Fuentes y West querían atención al precio que fuese. De otra forma, no se explica como Jones pudo reunir a ambos impresentables y darles su espacio. West iba por todo, por la máxima osadía e invocó a Hitler. Pidió comprensión para los nazis y para Hitler. En la enferma mente de West, el mundo ya ha atacado demasiado a Hitler y a los Nazis, y, sobre todo, no hemos reconocido todo lo “bueno” que ellos hicieron por el mundo. La mente de West está enferma, el mismo lo sabe. Su condición de bipolar, de adicto a sustancias y de adicto a la pornografía lo ha dejado completamente desconectado de la realidad. Fuentes es otro personaje que adora la publicidad que le da la controversia, le da gusto la reacción de horror de la gente cada vez que hace una declaración. Se alimenta de ese horror que genera. Jones ha vivido de la polarización, de alimentar el odio, el miedo y la ignorancia. Se ha hecho rico explotando lo peor del ser humano, y ya pagó por eso. Pero Jones, es lo único que sabe hacer, aunque asociarse con West y con Fuentes, quizá, pudo ser ya haber ido más allá del límite.

Muchos miembros de la derecha fanática piden a gritos que sus representantes sean más “duros”, menos “tibios”. Piden que sus representantes no tengan “vergüenza” de ser de la derecha fanática. En ésta increíble semana, hemos visto el resultado. Hasta Donald Trump y Elon Musk salieron dañados por apoyar esa suerte de libertinaje, extremismo, insensatez e irresponsabilidad. Trump se sigue hundiendo y poco a poco va cayendo en una trampa que lo hará seguir obteniendo cada vez peores resultados. Elon Musk se sigue hundiendo. Ha perdido millones de dólares (aunque su condición de hombre más rico del mundo, le puede permitir perder mucho más). Lo más importante tal vez, es que Musk ha perdido bastante credibilidad. Ya no es el genio tecnológico que el mundo necesitaba, sino simplemente se ha revelado como un tipo bastante peligroso e imprudente. Twitter se ha ido deteriorando poco a poco, y seguirá afectando a Musk en su credibilidad y en su bolsillo. Pero lo más importante, por Twitter, Musk podría tener una afectación profunda en dónde si le importa, en sus empresas Tesla y SpaceX. Musk no es tonto (es imprudente), y poco a poco se dará cuenta que su adicción a la atención, podría llevarlo por la ruta de Trump, West y Jones.

En ocasiones, no obtener lo que deseas, es una bendición. La derecha fanática ha obtenido justo lo que tanto deseaba. Personajes deplorables como Donald Trump, Elon Musk, Kanye West, Alex Jones y Nick Fuentes (Ante ellos, hasta el nefasto Jordan Peterson parece un simple monaguillo. Ante ellos, hasta DeSantis parece un aburrido burócrata. Ante ellos, hasta Marjorie Taylor Greene o Laura Loomer son sólo dos chicas histéricas) e incluso el misógino y ahora musulmán, Andrew Tate, la representan perfectamente en estos momentos. Son las grandes figuras de la derecha fanática, de la derecha intolerante, de la derecha dura, de la derecha radical, de esa derecha que no es “tibia”, que “no tiene vergüenza” y que “lucha contra el progresismo”. Esa derecha que no te quiere “woke” (despierto), que te quiere “asleep” (dormido) con fanatismo religioso e ignorancia. Esa que, en su manera de pensar, no es muy lejana a los talibanes en su fanatismo e intolerancia. Seguramente muchos dirán “esos no son de derecha”. Pero la realidad es que la derecha no tiene a nadie más. Han copiado descaradamente las estrategias de gente de izquierda como Marx, Stalin, Gramsci, Marcuse y Chomsky a falta de ideas propias. Y cuando tus “intelectuales” son West, Trump, Jones, Fuentes y los promotores de QAnon, sabes que todo está perdido y en cuanto más luches, más te vas a hundir. A los republicanos les urge un exorcismo, tienen muy poco que rescatar y el tiempo se les acaba. Las víboras se están devorando entre ellas mismas. Caen las máscaras de la ultraderecha y las caras son más horrendas de lo que imaginábamos.