Por: Rolando J. Vivas

Las elecciones parlamentarias a llevarse a cabo en Hungría el día de hoy, ciertamente serán de las más importantes a llevarse a cabo en éstos días. ¿Quién pensaría que el proceso electoral en un país de Europa del este tendría el día de hoy tanto a Occidente, como al resto del mundo, al pendiente? ¿Quién pensaría que el día de hoy, la Unión Europea y Rusia no desviaron la mirada de Hungría? Occidente suele usar como referencia para el futuro las elecciones en países progresistas como Bélgica y Holanda. Hoy el mundo pone atención en Hungría, para hacerse una idea de loa que viene en el futuro para países ultra conservadores.

Viktor Orbán, actual primer ministro de Hungría, ha construido una nación en sus 12 años en el poder, que se semeja más a la Rusia de Putin, que a la Alemania que dejó atrás Angela Merkel. Hungría hoy se asemeja a aún país de los que se estaban anteriormente bajo la influencia de la Unión Soviética, menos el comunismo. Orbán ha seguido fielmente la dirección política de Vladimir Putin en Rusia. Orbán ha convertido a Hungría en un país unipartidista, en complicidad con la iglesia, en el cual, los medios son controlados por el estado, o los amigos de Orbán, en el que el sistema judicial ha sido formado por personajes designados por Orbán, y en el que la Academia liberal se encuentra bajo ataque.

La pandemia favoreció las obsesiones totalitarias de Orbán. Con las cámaras a su favor, se dotó de poderes extraordinarios para censurar a sus opositores y paralizarlos, con el fin de concentrar aún más poder. Pero la oposición ha demostrado hasta cierto punto, que, entre más adversidad, más fuertes se han vuelto. Circunstancias fuera de control han jugado incluso en contra de Orbán. Lo que implicaría que ésta podría ser la oportunidad más grande de los opositores de comenzar a erosionar el totalitarismo de Orbán, en las mismas urnas. Aunque hay que considerar que dictadores afines a Putin, como Lukashenko en Bielorrusia, han utilizado las elecciones para desatar posteriormente persecuciones contra sus opositores.

Partidos de centro izquierda, de centro derecha y de derecha se han unido en un frente formado por seis partidos, que representan la oposición más organizada y decidida que ha enfrentado Orbán en sus tres períodos anteriores. 12 años en que muchos se han cansado del populismo controlador y corrupto de Orbán, y han decidido hacerle frente en las urnas de votación. Una clara señal de que no todo está bien en Hungría, que crece la inconformidad, y que la “tierra prometida” de los conservadores a nivel global, y que ha despertado fantasías en los sectores conservadores de Europa y de Occidente, podría tener mucho en común con el espejismo que fue la Unión Soviética para muchos liberales, más de cuatro décadas atrás.

Orbán trato de usar una jugada polarizante, similar a la que exitosamente aplicó Emmanuel Macron en Francia, declarándose agresivamente a favor de la vacunación y en contra de los anti vacunas. Orbán buscó crear una jugada de tablero similar, usando temas como la ideología de género, impulsando una iniciativa que equipara a la pedofilia con la homosexualidad y creando un referendo a citarse el mismo día de hoy durante las elecciones. Una iniciativa nefasta que pasa por alto el hecho que la estadística nos dice que en el mundo, más del 70% de las agresiones a infantes las cometen varones heterosexuales. Aquí cabe mencionar que Orbán habla de defender a la familia. Pero no menciona que el 90% de los abusos infantiles en el mundo los lleva a cabo alguien al interior de la familia.

Orbán pretendía lanzar un dardo envenenado al interior de los sectores más de derecha de la oposición, con el fin de dividirla, además de enardecer a sus más acérrimos y ultra conservadores seguidores para acudir a la urnas. Circunstancias ajenas complicaron la estrategia de Orbán de forma inesperada. A medida que crecían las tensiones entre los vecinos de Hungría, Ucrania y Rusia. Orbán es visto ampliamente como el más cercano personaje dentro de la Unión Europea, a la Rusia de Putin. Orbán cometió el error de visitar al Kremlin en medio de la tensión, y al comenzar la invasión de Ucrania por parte de Putin, al interior de Hungría, Orbán sufrió un incremento en la hostilidad hacia su posición obviamente pro rusa.

Orbán tuvo que hacer malabarismos para escapar de la mala fama que cubría a Putin y a sus aliados. Incluso Polonia, otra nación ultra conservadora, que ha hecho equipo con Hungría dentro de la UE, se desmarcó rápidamente de Hungría y se puso a favor de Ucrania en el conflicto. Orbán no obró de forma tan veloz y navegó la indiferencia por semanas hasta que el presidente de Ucrania, Volodimir Zelensky lo puso contra las cuerdas y lo obligó a definirse. Orbán temió perder popularidad en medio del proceso de campaña, se olvidó de su iniciativa opresora de la homosexualidad, y optó por tomar una apertura aparentemente neutral, aunque su rol como país miembro de la OTAN terminó por someterlo y Orbán tuvo que aceptar aplicar sanciones económicas en contra de Rusia, e incluso, aceptar refugiados de Ucrania.

La dependencia económica de Orbán con respecto a temas de materias primas y energéticos, pusieron a Hungría en una situación por demás complicada a medida que el conflicto Rusia-Ucrania iba escalando. La inflación en Hungría escalaba a niveles históricos y el desempleo era otro factor que iba en aumento. Como todo idólatra del estado, Orbán optaría por aplicar medidas de control de precios, afectando aún más el libre mercado húngaro, ya afectado por parte de monopolios y corrupción ya presentes y causados por los empresarios afines al gobierno. Al final, la medida de Orbán, sólo demostró que su extremismo lo acercaba más a países como Venezuela, también adictos al poder estatal más allá que de la libre competencia.

Sería imposible afirmar que a partir de los resultados electorales de hoy, Orbán podría perder su puesto como primer ministro. Es factible opinar que Orbán entrará a su cuarto periodo al frente de Hungría. Pero también es posible especular que la omnipresente súper mayoría en las cámaras podría perderse. Así, Orbán, a pesar de ganar, enfrentaría una derrota al interior de su gobierno, como no ha tenido antes. La súper mayoría, que ha servido a Orbán para otorgarse poderes extraordinarios, para transformar la constitución, para apoderarse del poder judicial y para aplastar a la oposición, es posible que se pierda el día de hoy. Hoy podria Orbán, a pesar de ganar, sufrir su peor derrota en 12 años. Hoy la oposición unida, podría finalmente hacer la diferencia y abrir el camino hacia una nueva Hungría, y al principio del fin de la derecha ultra conservadora global, que ya inició cuando Putin impulsivamente invadió Ucrania.